- No, ¿qué es? -decía yo.
- Un grano de polvo.
Entonces, cuando el comenzara a sonreír y a mostrarse orgulloso, yo diría:
- También lo son los cadáveres que cortas. También lo es la gente que crees curar. Son polvo, como el polvo mismo es polvo. Calculo que un buen poema dura más que cientos de esas gentes juntas.
Y, por supuesto, no sabría que responder porque lo que yo decía era cierto. La gente estaba hecha nada mas que de polvo y yo no veía que curar todo ese polvo fuera algo mejor que escribir poemas que la gente recordaría y se repetiría a si misma cuando se sintiera infeliz o enferma y no pudiera dormir.
Sylvia Plath