Bueno, no quería irme así sin más, sin al menos pasar a decir que voy a irme por un buen rato a viajar hacia el norte y a ser feliz. Me pongo cursi y agradezco de todo corazón a la gente que pasa por aquí y se toma un ratito para leerme, comentarme, espiarme y todas esas cosas. Espero volver con nuevas palabras y relatos encima para compartirles, pero por sobre todo les deseo un Feliz 2012!
Salud y pesetas!
30 diciembre, 2011
18 diciembre, 2011
mal de ojo
Por tercer día consecutivo, Sofía, no duerme. Padece de lo que, en términos médicos, se califica como insomnio inicial, intermedio y final: dificultades graves para conciliar el sueño, dormir con interrupciones y despertar mucho antes de la hora planeada. Cuando logra dormir, nunca lo hace más de cuatro horas. Vive despierta.
En la primera noche dibujó ojos gigantescos, tanto como para cubrir con solo uno sus cartulinas de metro y medio por dos. Su profesor de biología de tercer año le dijo que hay que aprender a trabajar con los elementos que se tienen entre manos y, Sofía, siempre dibuja sobre sus cartulinas blancas con fragmentos de carbonilla.
Sin embargo, delinea ojos verdes, celestes, amarillos y muy pocas veces ojos negros de carbón. Son ojos extasiados, ojos suspendidos, caóticos, fascinados y hasta desencantados. Las líneas se curvan, se mezclan, se complican, pero Sofía no sabe dibujar, es secretaria en una oficina de ocho a seis todos los días.
La segunda noche fue de ojos pequeños, diminutos, reducidos como puntos, píxeles, rayitas.Ojos ensimismados y amontonados: ojos entrecerrados. Sofía ya no quiere mirar: todo le duele, todo le cuesta; el insomnio le cierra el apetito y el hambre no la deja dormir.
Sofía se define como noctámbula, nostálgica y tanguera. Y, aunque nunca haya entrado a una milonga, ayer tarareaba por lo bajo La Última Curda mientras afilaba un viejo lápiz de carbonilla que había encontrado en el recipiente de cucharones y espátulas del último estante de la cocina.
Hoy, en su tercera noche sin dormir, Sofía, que desde hace años prueba todo remedio confiable y no confiable que existe en el mercado para curar su enfermedad, piensa que tal vez una persona puede ser capaz de producir mal a otra sólo con mirarla. Y, aunque sabe que los principales síntomas del mal de ojo son adormecimiento y pesadez, ella de todos modos se siente perseguida.
Llama al trabajo para avisar que hoy tampoco va a poder asistir, ni cumplir con sus responsabilidades; para luego tomar viejos libros de brujería almacenados en las grandes bibliotecas que decoran su departamento. “Con un ojo te han mirado, con dos ojos te han ojeado, con tres ojos te han curado” lee en el apartado de jaculatorias.
Reúne amuletos y predica oraciones pero nada cambia, nada sucede. Sofía piensa en probar un antiguo método para corroborar si está ojeada o no: colocar un huevo dentro de un plato y el plato debajo de la cama; dormir y romper el huevo al despertar para descubrir el color de la yema, si la yema es anaranjada está a salvo, si es roja está maldecida.
Si no puede dormir, tampoco podrá cumplir con los rituales. Decide dejarlo pasar: conoce muy poca gente, menos aún gente que pueda envidiarla. Sí teme por su reputación, que en el mundo de las artes podría ser beneficiosa, pero prefiere volver a lo suyo: bosquejar ojos monstruosos, caricaturescos, amorfos, desfigurados.
Los ojos se proyectan y ésta noche ya no tienen tamaño, ni forma alguna. Se ven pupilas, párpados, córneas, pestañas. Sofía arranca ojos de revistas, de folletos, de otros cuadros colgados en las paredes de su casa. Vendados los ojos, ahora pinta con las manos, con comida, con el cuerpo.
“No son artes plásticas, soy una artista conceptual” dice en una falsa entrevista frente al espejo. También explica que sus ilustraciones representan el mundo, la multitud de ojos en una ciudad vacía, el hastío de la población, la visión de las generaciones pasadas y futuras. Sofía se encarga de mentir con sus ojos, con todo el terrible egoísmo de sus ojos abiertos.
En la primera noche dibujó ojos gigantescos, tanto como para cubrir con solo uno sus cartulinas de metro y medio por dos. Su profesor de biología de tercer año le dijo que hay que aprender a trabajar con los elementos que se tienen entre manos y, Sofía, siempre dibuja sobre sus cartulinas blancas con fragmentos de carbonilla.
Sin embargo, delinea ojos verdes, celestes, amarillos y muy pocas veces ojos negros de carbón. Son ojos extasiados, ojos suspendidos, caóticos, fascinados y hasta desencantados. Las líneas se curvan, se mezclan, se complican, pero Sofía no sabe dibujar, es secretaria en una oficina de ocho a seis todos los días.
La segunda noche fue de ojos pequeños, diminutos, reducidos como puntos, píxeles, rayitas.Ojos ensimismados y amontonados: ojos entrecerrados. Sofía ya no quiere mirar: todo le duele, todo le cuesta; el insomnio le cierra el apetito y el hambre no la deja dormir.
Sofía se define como noctámbula, nostálgica y tanguera. Y, aunque nunca haya entrado a una milonga, ayer tarareaba por lo bajo La Última Curda mientras afilaba un viejo lápiz de carbonilla que había encontrado en el recipiente de cucharones y espátulas del último estante de la cocina.
Hoy, en su tercera noche sin dormir, Sofía, que desde hace años prueba todo remedio confiable y no confiable que existe en el mercado para curar su enfermedad, piensa que tal vez una persona puede ser capaz de producir mal a otra sólo con mirarla. Y, aunque sabe que los principales síntomas del mal de ojo son adormecimiento y pesadez, ella de todos modos se siente perseguida.
Llama al trabajo para avisar que hoy tampoco va a poder asistir, ni cumplir con sus responsabilidades; para luego tomar viejos libros de brujería almacenados en las grandes bibliotecas que decoran su departamento. “Con un ojo te han mirado, con dos ojos te han ojeado, con tres ojos te han curado” lee en el apartado de jaculatorias.
Reúne amuletos y predica oraciones pero nada cambia, nada sucede. Sofía piensa en probar un antiguo método para corroborar si está ojeada o no: colocar un huevo dentro de un plato y el plato debajo de la cama; dormir y romper el huevo al despertar para descubrir el color de la yema, si la yema es anaranjada está a salvo, si es roja está maldecida.
Si no puede dormir, tampoco podrá cumplir con los rituales. Decide dejarlo pasar: conoce muy poca gente, menos aún gente que pueda envidiarla. Sí teme por su reputación, que en el mundo de las artes podría ser beneficiosa, pero prefiere volver a lo suyo: bosquejar ojos monstruosos, caricaturescos, amorfos, desfigurados.
Los ojos se proyectan y ésta noche ya no tienen tamaño, ni forma alguna. Se ven pupilas, párpados, córneas, pestañas. Sofía arranca ojos de revistas, de folletos, de otros cuadros colgados en las paredes de su casa. Vendados los ojos, ahora pinta con las manos, con comida, con el cuerpo.
“No son artes plásticas, soy una artista conceptual” dice en una falsa entrevista frente al espejo. También explica que sus ilustraciones representan el mundo, la multitud de ojos en una ciudad vacía, el hastío de la población, la visión de las generaciones pasadas y futuras. Sofía se encarga de mentir con sus ojos, con todo el terrible egoísmo de sus ojos abiertos.
14 noviembre, 2011
Era hija del Enlazador de Mundos y de la Madre Naturaleza. Sin ser criatura de razón, había nacído del arte y su vida era una pintura, una caja de bombones de diez mil sabores. Es probable que alguna vez la hubiesen notado de más por su sabor a escondite o por sus pasos de mermelada. Su mente era retorcida y su alma quebrada ilusa. Decía que los que saben esperan al tiempo para dictar las respuestas y, que los demás, viven malditos de desdicha.
24 octubre, 2011
existencialismo
Hay dos tipos de personas, las que le tienen miedo a la muerte y las que no. En mi opinión, las primeras son las más felices... saben que tienen que aprovechar cada momento.
16 octubre, 2011
de finales
-
Pasá, Eme, (Bueno,
un poco de ganas de verlo tenía; sigue tan lindo como siempre) hace mucho
frío para ir a la plaza… sentate… ¿Querés tomar algo?
-
No, gracias Jota, estoy bien así. ¿Vos cómo estás?
-
Bien… hace mucho que no te veía ¿qué fue de tu vida?
-
Y vos te la pasaste de viaje. Yo bien, con varios
vuelos, el estudio… contento. ¿Vos?
-
Bien, bien. (¿Cuántas
veces más le voy a decir que estoy bien?) El viaje fue buenísimo, con Hache
nos divertimos un montón. ¿Y tus viajes?
-
También muy bien. ¡Qué linda foto…!
-
Es de cuando mi mamá se fue a México.
-
A ver… mostrámelas.
-
Acá están. (¿Qué
hago mostrándole las fotos de mi vieja?)
-
Yo viajé a México hace dos años, es hermoso.
-
¿Querés un mate? (¿Soy
yo o esta conversación no va para ninguna parte?... que se deje de dar vueltas,
que me bese de una vez)
-
¿Dulce o amargo?
-
Amargo.
-
Bueno, dale, uno te acepto. Tomá, traje tortas fritas.
-
Gracias, no hacía falta. (¿What the fuck? ¿Quién sos? ¿Mi abuela? )
-
No iba a venir con las manos vacías…
-
¡Qué amable! (Soy
una estupida).
-
Mirá… vine porque quiero hablarte de algo.
-
Sí… decime. (Mierda)
-
No sé muy bien como decirlo.
-
Dale, decirme… (Ya
está, me va a decir que es gay ¿Qué le voy a decir?¿Que lo sospeché desde el
primer día?)
-
Es difícil para mí…
-
(¡No! ¡Es
impotente! ¡Impotente! La puta madre… que me lo diga de una fucking vez.)
-
Estoy saliendo con otra chica.
-
(¡¿Qué?! ¿Qué
que? ¿Y a mí que me importa? ¿Por qué venís
a decirme esto? ¿Quién te preguntó? ¿Quién te crees que sos?) Ah… bueno.
-
La verdad es que nosotros pasamos muchos buenos momentos
y yo te quiero un montón… no quiero que pienses que para mí lo nuestro no fue
importante.
-
(¿Importante?
¿Me estás jodiendo? ¡Producción, llévense a éste pibe de acá! La última vez que
te vi fue hace cuatro meses. ¿Me querés? No tenés ni idea de mi vida, no sabés
ni como se llama mi perro, no me conocés
ni un poco.) No, no. Esta bien.
-
No quiero lastimarte…
-
(¿Lastimarme? ¿En
que película estás?) La verdad es que no sé qué decir…
-
Tenía que decírtelo, después del mensaje del otro día...
-
(¿Podés dejar de
hacer como si me cortaras? No somos novios, nunca fuimos novios, ni siquiera
cogimos. Te mandé un mensaje a las cinco de la mañana que decía “¿En que
andás?” no te invité a un asado con mi familia. ¿No podías hacer como el resto
de los hombres y esfumarte?) Entiendo… ¿Y dónde la conociste? (¿Soy o me hago?)
-
En el Parque.
-
Ah… ¿Y hace mucho que la conocés? (Andate, andate. ¿Cómo me vas a decir algo
así en mi casa, en el único lugar en el mundo en cual no me puedo ir? ¿Cómo
hago ahora para echarte?)
-
No tanto, un par de meses. ¿vos? ¿tus novios?
-
(¡¿Mis novios?!
¿Sos pelotudo? ¿Qué querés que te diga? “si, salí con tal, le di all night
long” ¿de verdad…?) No, nada, nadie.
-
Igual, más allá de todo, quiero que sigamos como
amigos… que podamos encontrarnos a tomar un vino y charlar.
-
(Ah bueno… te
faltó decirme “no sos vos, soy yo”. A mí no me vengas con el “let’s just be
friends”… a mamá mona…) Si claro…
-
¿Querés que saquemos a pasear a tu perro?
-
Dale, vamos.
-
Quedate con las tortas fritas
-
(I don’t need
you pity.) Ni abrimos la bolsa, llevalas. (Metételas
en el culo)
-
No, de verdad, al menos probá una.
-
No la voy a comer.
-
No importa.
29 septiembre, 2011
Metro I
Por esa época me
gustaba comer maní con cáscara directo de la bolsa de papel madera. Más que el maní,
disfrutaba de apretar, hacerlo crujir y ver como se abrían por la mitad para
mostrar dos o a veces tres bolitas bordó bien alineadas (como chauchas, como
cuentas). Fumaba tabaco Camel para armar y llevaba las uñas rojas, largas, soberbias; usaba
el pelo suelto, corto, que cepillaba mi nuca, y aros a presión de perlas
blancas heredados de mi abuela.
Subía en Les Sablons
para bajar en Charles de Gaulle Etolie, combinaba con el RER A, seguía hasta
Chatelet, cruzaba de andén y tomaba el RER B hasta Denfert Rocherau. En las
horas que invertía en transportarme de un lugar a otro memorizaba las
estaciones de las distintas líneas de atrás hacia adelante y viceversa. Esa
tarde mi esfuerzo estaba puesto en la línea amarilla (Chateau de Vincennes,
Berault, Pte. de Vincennes, Nation, Reuilly-Diderot...) mientras hacía pequeñas
montañas rusas con el cable de mis auriculares al ritmo de un rap.
Esa tarde lo conocí: dijimos
tres veces la misma frase al mismo tiempo, dos en español y una en francés. Los
dos esperábamos el RER B, él iba hacia el aeropuerto Charles de Gaulle y yo, a
diferencia de mi itinerario normal, viajaba hacia Orly. Cuando me bajó la
presión decidí que lo más coherente era dejar mi cartera en el banco y arrastrarme,
para tratar de evitar un desmayo en público, hacia alguna maquina expendedora
que pudiera darme azúcar. La de mi andén no funcionaba; la del otro andén se
tragó mis monedas.
Sentada en el piso, el
pantalón desabrochado y en musculosa, me puse a golpear la máquina rodeada de
un semicírculo de abrigos y con mis pertenencias desparramadas por ahí. Él se
acerco a decirme algo que no entendí ni traté de entender (no era momento para sociales),
y sin que le importara mi pésimo humor, me alcanzó una caja abierta de palitos
de chocolate Mikado que recibí con la desproporcionada emoción que generan los
regalos inesperados.
23 septiembre, 2011
mis amigas dixit
"Escuchame, me voy a mandar tantas tantas cagadas que vas a tener que ir atrás mio juntando soretes"
(El que avisa no es traidor)
(El que avisa no es traidor)
16 septiembre, 2011
Placeres Pecaminosos
Después de un intenso día de estudio de Adorno, Foucault, Derrida y otros, no hay nada como una mala comedia romántica yanqui que no me ejercite mi media neurona.
09 septiembre, 2011
Antídoto
Me desperté porque podía oler que el sol que estaba por salir. Lo miré
acostado junto a mí, hermoso, inmóvil. Ya no maltrecho ni miserable, ya no
sufría las heridas. Hacía tiempo que yo había dejado de llorar a mis muertos, que
conseguían por el solo hecho de morir lo que yo jamás logré en la plenitud de
la vida.
Me cambié los tacos, retoqué el esmalte de mis uñas. Después de tanto
coquetear con la muerte, debería saber que a los muertos se los destapa, se los
descubre.
Debía proceder con sumo cuidado: podía cortarlo en pedacitos y depositarlo
debajo de las tablas de madera del piso; podía congelarlo desnudo en la
heladera del desván; podía llenarlo de piedras y tirarlo al río; enterrarlo en
el jardín de contrafrente; llevarlo a la jaula de leones del zoológico local; abandonarlo
en la baulera del auto, quemarlo en las afueras de la ciudad; fundirlo en ácido
fluorhídrico, cubrirlo con
cemento en una construcción… o podía tan solo correr.
La muerte es simple, pura, porque deja la suciedad en los vivos, en mis
manos. La muerte es egoísta, eso ya lo había escuchado: “Uno siempre llora por sí mismo. El horror no es el muerto, es el
pánico que nos da una cachetada para hacernos saber que somos mortales.”
Encendí un cigarrillo con la hornalla y me serví un vaso de vino. El
cuerpo de él, que había perdido el calor hacía horas, lucía un tono azulado en
los labios, el rostro, en las extremidades. Sus últimas horas habían sido puro
tormento: primero dilatación en las pupilas, vértigo, la piel húmeda y fría, la
respiración agitada y superficial, el ritmo cardíaco cada vez más rápido,
convulsiones y vómitos; en el tramo final el ritmo cardíaco lento, la quemazón
interna, las pulsaciones irregulares, la presión baja y fallos respiratorios
hasta perder la conciencia.
Salí a la calle, caminé rápido y entré a un bar, me senté, pedí un agua,
la bebí de un trago y me fui. Luego caminé hasta volver confusos los recuerdos
de la noche anterior. Caminé un poco más, aún más rápido, y al fin corrí, para
solo detenerme a mirar la vidriera de una florería.
No podía concentrarme y no entendía por qué ésta vez dolía tanto. Él era
uno más en mi lista. Los muertos no se cuentan por nombre, sino por número.
Me apoyé contra la vidriera y vomité.
Luego me senté en el piso, en medio de la vereda vacía. Me até el pelo
hacia atrás y me dí palmadas en el rostro para tratar de mantenerme despierta. Me
maldije. Abrí la cartera y desparramé en la vereda todo su contenido. Tenía la
visión nublada, y me costaba seguir la línea de mis propios pensamientos. Lápiz
labial, anteojos de sol, lapiceras de colores. Dónde estás. Escuchaba los
latidos de mi corazón.
B12, hidroxocobalamina. Aire, aire. Aliviada, me desplomé en la calle.
03 septiembre, 2011
22 agosto, 2011
realize
Y entonces un día te das cuenta que todo marcha bien, que en el trabajo te pagan de más por tu buen desempeño, que en la facultad tenés notas ridículamente altas, que las clases te interesan y te incitan a pensar que vas por el buen camino, que tu profesor de violín te felicita por tu progreso, que en el taller literario lo que escribís gusta, que estás yendo todo lo que querías a danza, que tenés amigos increíbles, incomparables y que incluso en casa las cosas van bien y con tus viejos estás planeando el viaje que hace tiempo querías hacer.
Pero estas sola, bastante sola, lo suficientemente sola. Y lo único que deseas es una persona que haga que faltes al trabajo, que no estudies para los parciales, que descuides tu vida perfectamente planificada.
Sólo querés alguien que comparta lo que te pasa o que te de una buena razón para mandar todo al carajo, o por supuesto, alguien para ser feliz.
12 agosto, 2011
La cama desde adentro
Más allá de lo que cualquiera pueda decir, toda la idea del aprendizaje está basada en cierto lazo de confianza profesor-alumno. Por eso esa tarde, cuando le confesé la envidia que me daba, cuando le pregunté cómo hacía, en qué momento había decidido dedicar su vida con devoción a una sola cosa, a una única rama, le creí. Me dio una respuesta lógica y convincente: explicó que de a poco, por las pequeñas decisiones de la vida, uno se encuentra direccionado hacia un lado o hacia otro y que, para bien o para mal, lo que sobra queda en el camino.
Ahora, mientras agito la mano izquierda para que la ráfaga de aire o la batidora constante de músculos alivien el dolor de los dedos, en especial la punta del índice y las articulaciones del meñique, empiezo a sospechar que me mintieron (o me mentí), porque las decisiones no llegan solas: apenas se multiplican las bifurcaciones. Pienso que es el aluminio de las cuerdas del violín lo que hace brotar la sangre, que limpiaré con la lengua, y me dará el fuerte gusto de la resina, seca, áspera, pegajosa.
Falta poco para el concierto; salgo a comprar más cigarrillos y más vino. El kiosquero me mira mal porque otra vez estoy en camisón (no parece un vestido, se nota camisón) y tal vez también por el vino (no es hora, aunque siempre es horario de vino). De regreso en el departamento, como no puedo tocar, ni dormir, ni volver a salir, miro películas que ya conozco y en las que puedo repetir las líneas, imitar las voces y las caras.
Aceptada la desdicha, decido probar si el medio kilo de Haagen-Dazs con leche está tan bueno como se ve en las películas yanquis (y no está nada mal). Mientras hiberno, veo que los libros, los papeles y los platos sucios se acumulan. Hago la cama desde adentro de la cama misma y porque los dedos duelen menos repartidos en seis cuerdas abrazo la guitarra.
Suena el timbre (lo dejo sonar) y escucho girar la cerradura. Tengo miedo (un miedo estúpido: quien tenga esa llave me conoce), me invade un sentimiento abrumador, de esos que provoca la oscuridad después de una pesadilla. Tal vez arrastrada por la misma estupidez (o sólo por instinto) agarro con fuerza el cuchillo que corona una pila de platos.
Está claro que el escenario no favorece mi pequeña miniserie de terror (por el sol que entra por las ventanas, porque son las tres de la tarde y por otros detalles menores) pero soy de piedra y no me importa nada. Sin embargo, Lucas abre la puerta para encontrarse con una escena de terror: joven concertista arrinconada entre la basura con un Tramontina en alto.
Suelto el cuchillo y me pongo a llorar. Lucas levanta las llaves (que se le cayeron del susto) y se ríe. Yo acompaño su risa con lágrimas gordas y él me abraza un poco. Sin decir una palabra me lleva de los hombros hasta la ducha, en la que me hace entrar vestida, en camisón. Cuando salgo Lucas ya preparó el corpiño, la bombacha y el vestido largo, todo dobladito sobre el bidet.
Desde el living-dormitorio escucho el lavaplatos y Lucas, ya ordenado gran parte del desastre, se sienta en la cama para peinarme (siempre le gustó peinarme) mientras yo solfeo (dodo miii re solsilaa sidoo sidoo). Me pregunta cuantos años más va a durar esto (no estoy segura a qué se refiere con esto) y le digo que son sólo cuatro movimientos.
Me mira fijo y me dice que no puedo seguir así, que cada año pasa lo mismo, que tengo que aprender a tomar decisiones, hacerme cargo de las cosas (también dice algo de comportarme como un adulto). Sollozo y cruzo los brazos, él me da un golpecito y pregunta cómo sería mi vida sin él (me callo: no sería nada).
Suena el timbre (Lucas no soporta dejarlo sonar) y empiezo a calzarme. Él se incorpora para tomar el estuche, las partituras, el atril (ya plegado y guardado en su funda) y me toma del brazo. Mis tacos arañan el parquet (desesperados por volver a la cama), pero al final ceden. Ya los dos dentro del taxi, Lucas dice que vamos hasta Cerrito y Tucumán.
09 agosto, 2011
time machine
A veces no queremos volver a él, porque él representa parte de nuestro pasado. Él te recuerda a lo que eras antes, cuando todavía estabas con él. Y te gusta creer que cambiaste, que sos otra, que no querés ni precisás las mismas cosas que antes. No querés estar sola, y no querés estar con él para no estar sola.
¿Por qué será que las personas también se reflejan en uno? Como cuando te juntás con esa amiga de la primaria, o con ese grupo de la secundaria. Las personas son también, pequeñas máquinas de tiempo.
¿Por qué será que las personas también se reflejan en uno? Como cuando te juntás con esa amiga de la primaria, o con ese grupo de la secundaria. Las personas son también, pequeñas máquinas de tiempo.
21 julio, 2011
Cómo siguió todo II
- Eme me mandó un mensaje y me invitó a una fiesta re lejos.
- Siempre te hace lo mismo y vos quedás como la mala onda que no quiso moverse para verlo. Invitá vos primero. ¿Qué le vas a decir?
- Ni loca le contesto.
- No te preocupes. El que es un jodido es Efe. Es un boludo… no me lo banco más. Decí que está bueno. Lo peor es que se hace el misterioso, tiene menos profundidad que una pelopincho...
- ¿Qué pasó? Tell mama.
- ¿Llegaste a la parte del recital? ¿Te conté de cuándo fui a su casa?
- ¿Llegaste a la parte del recital? ¿Te conté de cuándo fui a su casa?
- ¡No! No me contaste, empezá desde el principio.
- ¿Segurísima? Mirá que es largo…
- ¿Segurísima? Mirá que es largo…
- Deja de hacerte desear y cuéntame, honey.
- Todo iba bien. Me invitó un jueves a la noche a su casa a cenar y acepté. Un departamento chiquito divino, por Saavedra. Vino que va, porro que viene. Hubo varios momentos buenísimos. En la cocina, una escena con sus dos gatos digna de Mr.Bean: tiene esa típica ventana encima de la mesada con rejas cuadrillé y puertas corredizas, el primer gato se mete por la puerta que estaba abierta y veo que cuando llega al otro lado y se da cuenta de que no puede salir, Efe abre la otra puerta corrediza para liberarlo, pero cuando lo intenta el gato cae detrás del secaplatos y queda atrapado patas arriba. Nunca me reí tanto, y nunca lo había visto a Efe reírse tanto, un show.
- Muy bizarro…ver a Efe riéndose, digo...
- No voy a escuchar tus acotaciones. Cuando más tarde le pedí que tocara algo en el saxo aceptó pero me dijo que mejor en el baño porque la ventana de su cuarto da al pulmón del edificio, el living tiene balcón y los vecinos se quejan sino. Ya eran las tres de la mañana. Entramos al baño, apagó la luz y empiezó a improvisar sobre Summertime. Era onda Charlie Parker, fue… mágico. Y después de eso te imaginarás…
- No voy a escuchar tus acotaciones. Cuando más tarde le pedí que tocara algo en el saxo aceptó pero me dijo que mejor en el baño porque la ventana de su cuarto da al pulmón del edificio, el living tiene balcón y los vecinos se quejan sino. Ya eran las tres de la mañana. Entramos al baño, apagó la luz y empiezó a improvisar sobre Summertime. Era onda Charlie Parker, fue… mágico. Y después de eso te imaginarás…
- Me imagino. Lo que no entiendo es en qué momento Efe se convirtió en Jodido.
- Esperá, dale tiempo que sabe embarrarla.
- Esperá, dale tiempo que sabe embarrarla.
14 julio, 2011
08 julio, 2011
Cómo siguió todo I
Suena el teléfono y Jota grita:
- ¡Hache, darling, habemus chismes!
- Aliméntame, estoy sedienta de puterío.
- Salí otra vez con Eme.
- ¿Cuándo?
- El jueves.
- Habemus señor, diría yo.
- Fuimos a un bar a jugar al pool, otra vez. Nos divertimos, tomamos birra, me contó de su vida… ¡adiviná el nuevo curso en el que se anotó!
- Me río de solo pensar las posibilidades… ¿astronauta?
- Close, escuchate esta: azafato.
- Close, escuchate esta: azafato.
- No, no, no. No te la puedo…
- En fin, todo muy lindo pero si seguimos así me voy a volver campeona mundial de billar.
- Invitalo a tu casa.
- Basta, sabés que tengo la libido por los suelos.
- Igual, no sé cómo él todavía nunca te invitó a la suya… por ahí es más libido-congelada, por no decir algo más grosero, que vos.
- ¡Bruja! ¿Y por casa como andamos?
- Efe es rarísimo… él, su forma de ser, sus acotaciones, todo lo que lo rodea.
- A mí no me cae bien; ya se que objetivamente está bueno, pero no es mi tipo… es muy… carilindo. A mí me gustan los morochos, con mucho pelo, los hombres bien masculinos, bien hombres.
- Dale, ni que Eme fuera macho alfa.
- Contame de la salida. Puntos a favor sin repetir y sin soplar.
- Pasó a buscarme en auto, eligió un bar lindo, me saludó con un beso, esta bueno, invitó la birra, no nombró a ninguna ex, me escuchó hablar interesado, me habló bastante de su vida… está buenísimo.
- ¿Puntos en contra?
- Se hace el hippie y todos sabemos que… le falta calle. También se mandó una para pintar en la pared, me dice “pelé las papas, las metí en el horno y esperé que se calentaran” y yo lo miré fijo mientras pensaba: ¿Me está jodiendo? ¿Quién habla así? Acaba de contar que cocinó unas papas, y encima, para colmo, ¿en tres pasos? ¿De verdad? ¿Era necesario? Yo dije “ah… las cocinaste.” Y me quedé con la duda ¿viste? de si era genial o freak o tremendo boludo.
30 junio, 2011
24 junio, 2011
Cómo empezó todo II
El sábado siguiente otra vez los cuatro, en una cita doble sin planificar. Como quien se encuentra por casualidad, como quien no sabe que los demás van a estar ahí: en la misma fiesta del sábado pasado.
Eme sin dar muchas vueltas saca a bailar a Jota. Efe y yo en medio de la pista hablamos en falso sobre cosas que ninguno de los dos llega a escuchar.
Y entonces, al fin, me pasa una mano por el pelo, dice algo sobre mi trenza y nos besamos. Salimos de la pista, y cuando vamos a un sillón la timidez de Efe ya no parece tan tímida. Habla de su amistad con Eme, de su familia que sigue en Uruguay, de sus clases de composición; solo se interrumpe para darme otro beso o para abrazarme más fuerte. Pasan las horas y en un momento me toca los labios con la yema de los dedos para decir:
- Dale, vámonos de acá. Eme y Jota seguro ya se fueron.
No, no voy a caer tan rápido:
- Ahí están, desde acá los veo. Vení, vamos a ver en qué andan.
Nos acercamos: entre beso y beso ellos juegan a ver quién adivina primero la siguiente canción. Efe y yo hacemos una tosida bastante teatral y ellos se ríen.
El sábado siguiente otra vez los cuatro, en una nueva cita doble esta vez planificada vía mensaje de texto, vía mail, vía telégrafo. Ni Jota ni yo podemos creer el romanticismo hollywoodense de las últimas semanas.
- ¿Entendés que la familia de Efe es uruguaya? No hay nada mejor en el mundo que los uruguayos. Encima toca el saxo y tiene algo misterioso que no resisto. No es predecible como el resto de los hombres, me desconcierta…
- Estás hecha una pelotuda, nunca te ví así... Igual entiendo, it’s too good to be true. Con Eme pasa algo parecido. Yo soy una frígida, you know, y él la rema tanto… medalla de oro de los juegos olímpicos.
- ¿Es sano sospechar de la felicidad? Acordate de que nos pasan a buscar a las doce y media por mi casa. Ya arreglé con Efe, vamos a La Catedral o a La Viruta.
- ¿Me estás jodiendo? ¿Vamos a bailar tango? ¿En qué pensás? Yo no sé bailar tango. No quiero bailar tango. No voy a ir a bailar tango con el boludo de Eme.
- ¿Entendés que la familia de Efe es uruguaya? No hay nada mejor en el mundo que los uruguayos. Encima toca el saxo y tiene algo misterioso que no resisto. No es predecible como el resto de los hombres, me desconcierta…
- Estás hecha una pelotuda, nunca te ví así... Igual entiendo, it’s too good to be true. Con Eme pasa algo parecido. Yo soy una frígida, you know, y él la rema tanto… medalla de oro de los juegos olímpicos.
- ¿Es sano sospechar de la felicidad? Acordate de que nos pasan a buscar a las doce y media por mi casa. Ya arreglé con Efe, vamos a La Catedral o a La Viruta.
- ¿Me estás jodiendo? ¿Vamos a bailar tango? ¿En qué pensás? Yo no sé bailar tango. No quiero bailar tango. No voy a ir a bailar tango con el boludo de Eme.
- Vas a venir, vas a bailar y vas a traer tu mejor sonrisa ¿me escuchaste?
- Bueno, pero te odio.
Después de luchar con el único paso de tango que cada uno sabe y que por desgracia no es el mismo, los cuatro nos rendimos y abandonamos La Viruta. Efe hace que nos colemos en un cumpleaños en la casa de al lado. Bailamos cumbia, nos reímos mucho y, a eso de las cinco de la mañana cuando la noche ya termina, Eme propone que vayamos al estudio jurídico de su abuelo.
El lugar, digno set de película de Harry Potter, destila solemnidad: grandes bibliotecas de madera, mesas y sillas forradas en cuero verde y lámparas antiguas de vidrio que hacen juego.
Eme pone algo de Sui Generis en un tocadiscos; Efe sostiene el vino con una mano y enciende un porro con la otra.
Eme pone algo de Sui Generis en un tocadiscos; Efe sostiene el vino con una mano y enciende un porro con la otra.
23 junio, 2011
20 junio, 2011
Otra vez estoy ahí. Tengo doce años, tengo catorce, tengo diecisiete. y después de tanto coquetear con la muerte debería haberme acostumbrado, pero no es así. Las caras son siempre distintas pero es siempre la misma. Duele, duele tanto. Al volver del velatorio siento los síntomas: el nudo del estómago, el puñal en el pecho, el cerebro que explota; y a todos los ignoro.
Limpio compulsivamente la casa. Como si barrer el piso y lavar los platos pudiese borrar la suciedad de la muerte.
Limpio compulsivamente la casa. Como si barrer el piso y lavar los platos pudiese borrar la suciedad de la muerte.
18 junio, 2011
Cómo empezó todo I
- ¿Santa Julia? ¿Qué hacen dos chicas solas en este pasillo? ¿Toman vino de la botella?
- La juventud está perdida...
Nos reímos los cuatro y le sonrío a mi amiga Jota, pienso que esta noche en la que decidimos hacer algo distinto, lejos de la gente a la que vemos siempre y de los lugares a los que salimos todos los sábados; después de todo no empezó tan mal.
Los dos que se nos acercan son delirantemente lindos. El primero es Eme: muy alto y flaco, pelo largo morocho atado en un rodete, ojos grandes y azules; el segundo, Efe, es más bajo, pelo rubio oscuro y barba con buen bigote, ojos achinados bien celestes, tanto que da ciego.
Una típica charla de pasillo: qué hacen acá, qué estudian, de dónde se conocen. Eme estudia sociología y hace un curso de ayudante de panadero; habla sin parar y es ridículamente simpático; Efe estudia saxo y toca en una banda de jazz; es callado y misteriosamente tímido.
Ya estamos en el momento de la noche en que ya tendría que haberse decidido a quién le gusta quién, pero la conversación es tan grupal que no llego a darme cuenta. Cuando ellos van a comprar otro vino, con Jota temblamos; le digo:
- Dale, decime, seguro que nos va a gustar el mismo...
- ¿El morocho…?
- ¡A mí el rubio!
- ¿Ves? Por eso sos mi mejor amiga. Ahora… siempre lo mismo vos, elegís un músico conflicutado y descartás al mejor tipo del mundo.
- ¡A mí el rubio!
- ¿Ves? Por eso sos mi mejor amiga. Ahora… siempre lo mismo vos, elegís un músico conflicutado y descartás al mejor tipo del mundo.
- Y a vos siempre te gustan los nenes buenos de mamá, los que hacen un curso de panadería, los que son más buenos que el pan.
- So true… muchos chistes al respecto ¿no?
- Soy Chandler Bing en el capítulo en que no puede burlarse de la gente.
- Tenés dos segundos por reloj… uno…
- ¡Vigilante! ¡Andá a freír churros! ¡Bolas de fraile!
- Suficiente. ¿Y qué onda? Si ellos no deciden decidimos nosotras.
- Callate que ahí vienen.
Vino, charla y más vino. Cuando la hora ya es insostenible y nosotras tenemos un pie dentro del taxi, Jota me dice:
- Por qué no le pasas tu celular a Efe, Hache, así nos invita a escucharlo tocar. Yo estoy sin teléfono, pero si querés, Eme, pasame tu mail.
Lo dice con tanta seguridad que nadie se atreve a contradecirla.
16 junio, 2011
11 junio, 2011
Plaga
¿Me darías un cigarrillo? Perdón, perdón, soy plaga. Los plaga nos metemos por todos lados, pedimos todo el tiempo, nos expandimos entre los que nos rodean, absorbemos. Te imaginarás los problemas que esto me trae en las relaciones amorosas. Creo que tengo un corazón esponja; succiono la vida de las personas hasta dejarlas vacías. Debo ser una esponja de metal, como las de esta cocina sin horno y con garrafa. Hace frío acá, deberíamos poner una estufa al menos, para tener un poco de calor, aunque a mi me encanta el invierno, con la gente toda abrigada hasta las orejas. Yo uso orejeras como estas ¿ves? No entiendo los gorros. Los gorros dan mucho calor en la cabeza, usar orejeras es mucho más fácil. Los gorros están bien para los pelados, pero yo no soy pelado. Mi viejo tiene sesenta y pico y todavía no está pelado, así que no tengo de qué preocuparme. La gente se preocupa mucho por boludeces ¿no?, y yo también… porque si no no sería parte de la gente. Soy plaga, sí, y quizás estoy un poco loco. Pero al fin y al cabo ¿qué es la locura? Mi ex novia cuando se enojaba siempre me decía que estoy loco por el temita éste de la plaga y el corazón esponja. Nunca entendí del todo a mi ex, me cuesta entender a las personas. A veces la vida te para en la vereda de enfrente de la gente a la que querés y una cosa no tiene que ver con la otra, no sé, digo. Una cosa es el amor y otra las decisiones racionales, los puntos de vista. Yo no sé por qué ella se empeñaba tanto en que pensaramos lo mismo. Yo pienso lo mío, vos lo tuyo. Ya te habrás dado cuenta de que pienso bastante… si te molesta que hable tanto, decime. Yo soy bastante cerebral, pero también soy impulsivo. Pienso mucho… pero lo pienso después. En el momento, solo actúo. Después de todo, ¿qué es la vida sino las acciones que realizamos? Puedo pensar en un montón de cosas monstruosas pero ¿somos lo que hacemos o lo que pensamos? si no las llevo a la práctica no me convierto en un monstruo ¿o si? ¿es monstruo o mounstro? Las palabras siempre me confunden, son tan abstractas… Tan llenas y tan vacías a la vez. Ese es uno de los grandes problemas ¿viste? Cada uno tiene entendimientos diferentes de cada concepto. Por eso me gusta la música, porque te llega directo, sin escalas, sin racionalizar. Pasa también con los números, porque están ahí, son lo mismo acá, en Portugal y en la China, no hay tanta vuelta. En fin, es algo para charlar con tiempo, con más tiempo, porque las charlas en esta cocina siempre son largas. Será el vino… o la compañía, como la tuya. Que linda que sos, perdoname si te ofendés. Igual ya sabés que soy una plaga. Y perdoname también si hablo mucho de mí. No quiero parecer egoísta. Pero el mundo lo vemos a través de los ojos que nos tocaron en suerte, asique es imposible sacarle el yo de encima a cada frase. Disculpame, ¿tenés otro cigarrillo?
08 junio, 2011
04 junio, 2011
La última cena
A las veintitrés horas, cuando salgo del gimnasio, suena mi celular y es Padre, que está en una cena aburridísima y quiere que vaya a rescatarlo. Ah, y por supuesto: hay sushi. Todavía transpirada, vuelo las tres cuadras que separan mi boca de los pescaditos crudos enrollados en arroz.
En el lugar en cuestión veo junto a Padres, a algunas otras parejas del tipo mis-hijos-crecieron-y-ahora-salimos-solos. Muchos besos, muchos qué grande que estás, muchos como van los estudios, y muchos muchos más.
Sólo uno, Anfitrión, me pregunta si tengo novio y pienso en el Jodido, el Innombrable y algunos otros turbios personajes de mi pasado. Me lleno la boca de Sashimis y niego sin hablar. La mirada del Anfitrión se ilumina y mira con ilusión a su mujer, la Anfitriona.
- Querida, mirá qué linda es y no tiene novio, decí que Hijo se juntó con una piba divina, pero... ¿no es perfecta para Sobrino?
- Claro que sí. Sobrino un bombón, todas mueren por él- dice ella con un guiño dedicado más a mí que al Anfitrión.
Me arden las mejillas. Que la tierra me trague así, con palitos chinos y todo.
Anfitrión saca el celular de un bolsillo y los anteojos del otro para decir:
- Esperá que lo llamo y le digo que venga. No te preocupes que vive cerca.
Mis ojos son dos grandes Makis.
- Hola, ¿cómo andás?... sí, pasame con Sobrino... sí... ey! ¿todo bien?... sí... vení para acá, estoy con una chica ideal para vos, y sabés que para las mujeres tengo buen gusto... ah, claro.. sí, no te preocupes... esperá… - cubre el teléfono con una mano y me dice: - Tiene mucho que estudiar y no puede venir, pero me pregunta cómo hacen para conocerse.
Soy de piedra. Si me quedo muy quieta o me hago la boluda lo bastante bien creo tener grandes posibilidades de deslizarme debajo del mantel sin que se note mi ausencia.
Madre, para hacerse la moderna, grita desde la otra punta de la mesa:
- ¿No tiene Facebook?
Si me hago la boluda lo bastante bien, creo que quizás no se note que hay grandes posibilidades de que me desmaye de lleno sobre la salsa de soja. Sigo mi plan, es decir que sonrío. Mientras, Anfitrión retoma la conversación con Sobrino y luego de transmitir la pregunta de Madre se vuelve hacia mí:
- No, no tiene. Pasame tu celular.
Todavía queda la opción de tomar la mayor cantidad de rolls posibles y correr hacia la salida. O la de hacer como si no hubiera escuchado el pedido, y hasta la de dar un número falso. Pero todo eso es muy arriesgado y así que elijo darle de una vez el bendito número.
Tres religiosos días después me llega un mensaje en el que Sobrino me invita a algún encuentro casual, a tomar unos mates o algo así. Durante varios días finjo enfermedad, stress, compromisos, ataques de panico y, cuando ya no puedo fingir, acepto que pase a buscarme un martes a las diecisiete horas por el bar en el que suelo estudiar con Amiga.
El bar ocupa una gran esquina llena de mesitas al aire libre; a Amiga le cuento que estoy a punto de encontrarme con un pibe al que jamás le vi la cara y que ni siquiera tengo una idea de cómo es.
- Lo peor es que no hay chances de que esté bueno. Un pibe de veintitantos que acepta salir con una chica porque se lo dijo su tío y encima parece emocionado al respecto, te firmo que no puede estar bueno.
Durante más de una hora analizamos a cada hombre que pasa por la esquina y tratamos de imaginar las opciones que podrían tocarme vivir esta tarde: Con Colorado al cine; con Bajito a dar una vuelta en moto; con Flaco de Remera Fucsia a una plaza; con Anteojos de Sol a un café por Palermo.
Hasta que en un momento veo que la cara de Amiga se desfigura por completo cuando ella levanta una mano para saludar a alguien a mis espaldas. No quiero mirar, pero entiendo que no tengo más opciones que esperar lo peor.
Y entonces llega Sobrino, con sonrisa deslumbrante y ojos de miel. Unos rasgos tan delicados que bien podrían parecer femeninos si no fuera por la barba y el pelo desaliñado. Me encanta.
Amiga aparta la mesa, tira la silla y se incorpora, todo en un solo movimiento. Perfilando hacia la calle y con una voz cargada de odio, dice:
- No te la puedo creer, sos un imbécil, eso sos…
Mis ojos son dos gigantes Oso Makis. ¿Qué es lo que convierte en imbécil al futuro padre de mis hijos? Sobrino, para mi propia sorpresa, no está tan sorprendido y responde tajante:
Mis ojos son dos gigantes Oso Makis. ¿Qué es lo que convierte en imbécil al futuro padre de mis hijos? Sobrino, para mi propia sorpresa, no está tan sorprendido y responde tajante:
- ¿Qué hacés acá? ¿Qué mierda te pasa ahora?
- La que debería preguntar qué hacés aca soy yo y no me pasa nada, por lo que a mi respecta podés hacer lo que se te ocurra. Lo que me rompe jode… y encima tu tío… qué caradura sos.
- La que debería preguntar qué hacés aca soy yo y no me pasa nada, por lo que a mi respecta podés hacer lo que se te ocurra. Lo que me rompe jode… y encima tu tío… qué caradura sos.
Acto seguido, Amiga empieza a levantar sus cosas. Mis neuronas hacen sinapsis y de pronto lo entiendo todo: Terrible Ex de Amiga y Sobrino son una misma persona. Todo es un desastre: aquella noche debí haber vuelto a casa y haberme pedido un combo Tokio completo. Terrible Ex detiene a Amiga y le dice:
- Deja, acá el que se va soy yo.
Se vuelve hacia mí y agrega:
- Un gusto, disculpá la escenita.
- Un gusto, disculpá la escenita.
Nos da la espalda y efectivamente se va. Quiero gritarle que no puede irse todavía, que todavía no elegimos entre civil o iglesia, entre perro Golden o gato Siamés, entre loft moderno o casa con jardín; quiero gritarle pero sigo mi plan y no digo nada.
Amiga se sienta indignada a insultar entre dientes. Yo trato de consolarla pero ella insiste en quedarse sola, según dice para pensar. Invento alguna excusa para irme sin remordimientos, le tiro unos pesos del café, la abrazo fuerte y me voy.
Amiga se sienta indignada a insultar entre dientes. Yo trato de consolarla pero ella insiste en quedarse sola, según dice para pensar. Invento alguna excusa para irme sin remordimientos, le tiro unos pesos del café, la abrazo fuerte y me voy.
Camino dos cuadras y ahí lo encuentro: cigarrillo en mano, recostado contra la puerta de una casa cualquiera. Vuelve a mirarme y, mientras desliza su brazo por mi cintura, dice:
- Pensé que ya no venías.
- Pensé que ya no venías.
01 junio, 2011
Teorías
- y nada, a mi me encantaba el pibe que tocaba el saxo pero era un jodido
- yo hace tiempo que tengo la teoría de que los hombres que tocan el saxo se hiperventilan el cerebro y por eso son así, todos están mal de la cabeza.
- yo hace tiempo que tengo la teoría de que los hombres que tocan el saxo se hiperventilan el cerebro y por eso son así, todos están mal de la cabeza.
26 mayo, 2011
IX
Esa noche a mi alrededor todo eran perdidas. Unos ojos que hablaban de la muerte de una madre, otros del abandono de una familia y del maltrato de un padre. Los míos, reflejaban mis una y mil faltas.
Días después caminaba sola por la calle, como siempre: zoquetes y medias cancan, pantalón, camiseta manga larga, vestido, sweter de lana, tapado, bufanda y cigarrillo en mano. Las ultimas horas que recordaba habían sido puro tormento, puro vomito no inducido, mi cuerpo ya no soportaba tanto maltrato. Expulsaba hasta aquella comida que yo me esforzaba por ingerir.
Venia pensando en el silencio de mi psicóloga, en todo lo que yo ya estaba pensando mientras transcurría la sesión, pero que claramente callaba. Me preguntaba una vez mas en torno a qué gira tanto dolor humano, y me volvieron a la mente esas miradas, ¿acaso no eran todo perdidas y faltas?
Perdida de seres queridos, de amores no encontrados, falta de certezas, de comprensión, de esperanzas, de autocontrol, de sonrisas, de momentos de paz, perdida de colores, de vida, de ilusiones..
Seguía dándole vueltas al asunto, tanto desequilibrio no podía surgir solo de algo tan simple, ¿era posible que todos y cada uno de los momentos de sufrimiento hubieran surgido de eso?¿los mios?¿a mi que soy una auto-suficiente?
Di la vuelta en la esquina, le di la última pitada al cigarrillo, entre en la farmacia y me pese.
No. Todavía me faltaba mucho para ser feliz..
Días después caminaba sola por la calle, como siempre: zoquetes y medias cancan, pantalón, camiseta manga larga, vestido, sweter de lana, tapado, bufanda y cigarrillo en mano. Las ultimas horas que recordaba habían sido puro tormento, puro vomito no inducido, mi cuerpo ya no soportaba tanto maltrato. Expulsaba hasta aquella comida que yo me esforzaba por ingerir.
Venia pensando en el silencio de mi psicóloga, en todo lo que yo ya estaba pensando mientras transcurría la sesión, pero que claramente callaba. Me preguntaba una vez mas en torno a qué gira tanto dolor humano, y me volvieron a la mente esas miradas, ¿acaso no eran todo perdidas y faltas?
Perdida de seres queridos, de amores no encontrados, falta de certezas, de comprensión, de esperanzas, de autocontrol, de sonrisas, de momentos de paz, perdida de colores, de vida, de ilusiones..
Seguía dándole vueltas al asunto, tanto desequilibrio no podía surgir solo de algo tan simple, ¿era posible que todos y cada uno de los momentos de sufrimiento hubieran surgido de eso?¿los mios?¿a mi que soy una auto-suficiente?
Di la vuelta en la esquina, le di la última pitada al cigarrillo, entre en la farmacia y me pese.
No. Todavía me faltaba mucho para ser feliz..
18 mayo, 2011
07 mayo, 2011
Jigai
Podría tirarme cargada de piedras al río Ouse como Virginia, meter la cabeza en el horno como Sylvia, tomarme cincuenta pastillas de un barbitúrico como Alejandra, arrojarme al vacío desde la ventana como Unica, inhalar monóxido de carbono como Anne, arrojarme de la escollera del Club Argentino de mujeres como Alfonsina, ahorcarme como Marina, beber desinfectante Lysol como Charlotte o clavarme un puñal como la Julieta de Romeo.
No son las circunstancias. Es mentira que en ciertas situaciones cualquiera podría suicidarse. A lo largo de la historia, los hombres han cometido toda clase de atrocidades para sobrevivir. Hay quien se ha suicidado por mucho, por muchísimo menos.
En nuestra cultura el suicidio es tabú. Algo de esquizofrénicos, de depresivos, maniáticos, bipolares, drogadictos, alcohólicos… algo de locos, de incomprendidos, algo incomprensible. Nadie considera el honor japonés del derecho a la muerte por mano propia. El suicidio a nadie toca de cerca: es de manual de psicología, de película adolescente, de obra shakesperiana.
Algunos creen que los suicidas, los pocos que se animan a dar el salto, a apretar el gatillo, a patear el banquito final; son los valientes. Otros no, otros los creen cobardes por no se animarse a dar la cara, a poner el pecho, a soportar el dolor. Yo no creo ni lo uno ni lo otro. Creo que un suicida simplemente lo es, y no puede escapar de su destino.
El sentimiento existe desde siempre y aguarda su momento. El momento es este. Y no voy a dar más explicaciones, porque las explicaciones entre nosotros nunca fueron necesarias.
29 abril, 2011
Minuet en Bm para flauta
Me gritás “Vos sos de viento y yo de cuerdas”. Y no sé si sos una estúpida o una snob, tal vez un poco de las dos cosas. Claro que es lindo tenerte cerca, siete años juntos no vienen solos. Pero, corazón, ser escritora no te hace más profunda. Me tienen harto tus frases gastadas, me taladran el cerebro. “Llegás tarde a todos lados, nunca estás cuando te necesito, jamás colaborás con nada. Me resbalan tus dudas existenciales, ni que fueses el científico del siglo”
No me interesa escucharte, sos un torrente de furia y yo te miro en la cámara lenta de una película muda: tus manos rompen platos y vas y volvés.
Pienso que tal vez no estés tan equivocada después de todo. Sí, sos puras cuerdas, un ovillo de pensamientos enroscados. Sos ébano, sos marfil.
- Cortala Violeta, pará un poco.
Yo digo eso, pero vos siempre tan compleja, tan impenetrable. Sos aún más matemática que yo. Y eso que antes decías que yo estoy codificado en números y vos en verso. Todavía me acuerdo… éramos buena música juntos, pero ahora estás desafinada, agotada, desgastada. No dejo de pensar en tu alma rota, en el arco de tu cintura, en el puente de tus piernas. No hay partitura que nos pueda contener.
Estás rendida, tirada en el sillón. Y no puedo ignorar tu llanto de resina, ni tus clavijas desajustadas. Me gustaría aprender a remendarte, a repararte.
¿Qué cordal te sostiene? Te acaricio y sos tan frágil.
Y entonces, te guardo en tu estuche. No te preocupes, te llevo al desván, con el resto de los instrumentos que ya no toco más.
21 abril, 2011
A veces pienso que en este blog termino haciendo lo mismo que en mi vida, hablando mucho y diciendo muy poco. Contando de mi en historias elaboradas que jamás tienen fin, que nunca explican mucho. Hago lo que mejor se hacer, él chamullo puro, revestir todo con palabras hermosas y vacías.
Quizás yo después de todo sea pura forma y cero contenido.
Quizás yo después de todo sea pura forma y cero contenido.
09 abril, 2011
Lo que la gente piensa mientras yo hablo
- Y ella solo quiere alguien que la quiera, entendés?
- ...
- Qué pasa?
- Ultimamente siento que todo lo que decís serían muy buenas letras de cumbia.
- ...
- Qué pasa?
- Ultimamente siento que todo lo que decís serían muy buenas letras de cumbia.
03 abril, 2011
29 marzo, 2011
VIII
Quiero seguir contando esta historia, quiero escribir como encontré esos cuadernos, como aprendí de mis enormes errores, como llegue a ser la persona que soy. Pero duele mucho, leo mis viejos diarios y es otra persona la que escribe, pienso en lo que llegué a ser y se me eriza la piel.
Caí profundo, muy profundo. Se podría decir que los 15 años me pegaron bien para el orto.
Miro para atrás y pienso que no fue de boluda, tenía demasiados futuros prometedores y me perdí en el camino. Trato de no ser tan dura con esa chica que fui, ella fue la que recibió los golpes que a mi me hicieron tan fuerte. Ella fue la que sufrió, yo soy la que entendí que la vida es un momento y que lo que importa es la actitud.
Ana dio vuelta mi vida. Tanto la abuela que es la verdadera protagonista de éstas líneas como la enfermedad que me torturó física y psicológicamente durante bastante tiempo y que lleva ese nombre de pila tan particular. De hecho, creo que seguramente Ana sea el nombre que le ponga a mi hija el día de mañana si es que me convierto en madre, y el único tatuaje que pensé alguna vez en hacerme, antes de darme cuenta de que no era necesaria la tinta para tener esas letras grabadas en la piel.
La anorexia me vació, dejó solo una fracción de esa persona que solía ser. Me volvió muda cuando necesitaba gritar.
Me cosió los labios.
Caí profundo, muy profundo. Se podría decir que los 15 años me pegaron bien para el orto.
Miro para atrás y pienso que no fue de boluda, tenía demasiados futuros prometedores y me perdí en el camino. Trato de no ser tan dura con esa chica que fui, ella fue la que recibió los golpes que a mi me hicieron tan fuerte. Ella fue la que sufrió, yo soy la que entendí que la vida es un momento y que lo que importa es la actitud.
Ana dio vuelta mi vida. Tanto la abuela que es la verdadera protagonista de éstas líneas como la enfermedad que me torturó física y psicológicamente durante bastante tiempo y que lleva ese nombre de pila tan particular. De hecho, creo que seguramente Ana sea el nombre que le ponga a mi hija el día de mañana si es que me convierto en madre, y el único tatuaje que pensé alguna vez en hacerme, antes de darme cuenta de que no era necesaria la tinta para tener esas letras grabadas en la piel.
La anorexia me vació, dejó solo una fracción de esa persona que solía ser. Me volvió muda cuando necesitaba gritar.
Me cosió los labios.
25 marzo, 2011
21 marzo, 2011
- Me mando un mensaje y me invitó a una fiesta en la loma del orto.
- Te das cuenta no? siempre te hace lo mismo! es un vivaracho, porque te invita él primero a una salida muy paja en un lugar muy paja y vos quedas como la ortiva y pajera que le dijo que no y él no se mueve. Tenés que invitarlo vos primero. Que le vas a contestar?
- Ni en pedo le contesto.
- Te das cuenta no? siempre te hace lo mismo! es un vivaracho, porque te invita él primero a una salida muy paja en un lugar muy paja y vos quedas como la ortiva y pajera que le dijo que no y él no se mueve. Tenés que invitarlo vos primero. Que le vas a contestar?
- Ni en pedo le contesto.
16 marzo, 2011
It's real love
El humor varía, estamos más cansadas pero no menos felices. Se sienten los días encima, todo se siente el doble y eso me encanta. Siento que vivo. Estoy viva.
No puedo evitar pensar como en la ciudad todo está al alcance de la mano. Acá quizás hay más esfuerzo pero también más disfrute. Uno valora más lo que tiene entre los dedos. La vida se vuelve más sencilla, más simple, más terrenal.
Miro el agua y la tierra. En la ciudad todo el mundo está en las nubes. Las conversaciones son ahí arriba. Todos somos intelectualoides snobs, todos nos enroscamos en los laberintos de nuestra cabeza y todos nos preocupamos por como nos miran los ojos de los demás.
Acá inevitablemente uno se vuelve diferente, te enamorás de la guitarra y de la voz de las personas, lo que más nos preocupa es que vamos a cenar o pedir por favor que el clima siga lindo. Se habla sobre las cosas más banales y esenciales de la vida.
No puedo evitar pensar como en la ciudad todo está al alcance de la mano. Acá quizás hay más esfuerzo pero también más disfrute. Uno valora más lo que tiene entre los dedos. La vida se vuelve más sencilla, más simple, más terrenal.
Miro el agua y la tierra. En la ciudad todo el mundo está en las nubes. Las conversaciones son ahí arriba. Todos somos intelectualoides snobs, todos nos enroscamos en los laberintos de nuestra cabeza y todos nos preocupamos por como nos miran los ojos de los demás.
Acá inevitablemente uno se vuelve diferente, te enamorás de la guitarra y de la voz de las personas, lo que más nos preocupa es que vamos a cenar o pedir por favor que el clima siga lindo. Se habla sobre las cosas más banales y esenciales de la vida.
14 marzo, 2011
Dream sweet dreams for me
Ella entraba en la habitación. Yo la abrazaba fuerte. Sentí su piel suave y arrugada, su olor. Ayer pude reproducir sus gestos, su voz, incluso su mirada; como jamás logré reproducir en mis recuerdos. Todo era tan vívido. Yo le decía que hace tanto tiempo no la veía. Volvía a abrazarla y la escuchaba atenta hablarme tranquila.
Me desperté despacio, tratando de entender qué era realidad y qué ficción. Miré al techo con una paz profunda, había estado ahí con ella, había vuelto a mí. Sonreí fuerte. Fue la primera vez que soñé con mi abuela desde que murió hace casi siete años.
Me desperté despacio, tratando de entender qué era realidad y qué ficción. Miré al techo con una paz profunda, había estado ahí con ella, había vuelto a mí. Sonreí fuerte. Fue la primera vez que soñé con mi abuela desde que murió hace casi siete años.
11 marzo, 2011
cosas que pasan en mi vida III
- papá, querés nueces?
- Sabes.. siempre que miro las nueces pienso que son cerebritos, no?
- Sabes.. siempre que miro las nueces pienso que son cerebritos, no?
09 marzo, 2011
And you run 'cause life is too short
Este último tiempo después de vivir cosas tan lindas sentí más que nunca la carrera permanente contra reloj. Esa sensación de que la vida no alcanza, de que es muy corta, que siempre queda tanto por hacer.
No pude evitar preguntarme por qué sufrimos tanto, por que hacemos un mundo de nuestros problemas y por qué tantas veces nos ahogamos en un vaso de agua. Si 'todo concluye al fin' ¿por qué tantas veces no nos dejamos disfrutar el camino?
Defiendo fervientemente el hecho de que es necesario el dolor, no sólo porque sino no podríamos apreciar las cosas hermosas, sino porque es lo que nos hace crecer.
Pero tampoco puedo sacar de mi mente esa idea de que al fin y al cabo, un tiempo después miramos atrás y nos damos cuenta de que la mitad de las cosas que nos hacían mal no tenían demasiado sentido, no valían la pena, eran amargura en sangre al pedo. Angustia por cosas que no podemos manejar o preever, por miedos absurdos, por orgullo.
Como cuando mirás el reloj arriba del taxi llegando tarde a algún lado, o cuando esperás la nota de algún examen que crees que te fue mal, cuando no te animás a pedir perdón o a dar un beso.
Siento que hay tanta angustia anticipada, maltrato gratuito, preguntas sin respuestas, peleas sin sentido.. siento que hay tanto dolor innecesario en el mundo.
No pude evitar preguntarme por qué sufrimos tanto, por que hacemos un mundo de nuestros problemas y por qué tantas veces nos ahogamos en un vaso de agua. Si 'todo concluye al fin' ¿por qué tantas veces no nos dejamos disfrutar el camino?
Defiendo fervientemente el hecho de que es necesario el dolor, no sólo porque sino no podríamos apreciar las cosas hermosas, sino porque es lo que nos hace crecer.
Pero tampoco puedo sacar de mi mente esa idea de que al fin y al cabo, un tiempo después miramos atrás y nos damos cuenta de que la mitad de las cosas que nos hacían mal no tenían demasiado sentido, no valían la pena, eran amargura en sangre al pedo. Angustia por cosas que no podemos manejar o preever, por miedos absurdos, por orgullo.
Como cuando mirás el reloj arriba del taxi llegando tarde a algún lado, o cuando esperás la nota de algún examen que crees que te fue mal, cuando no te animás a pedir perdón o a dar un beso.
Siento que hay tanta angustia anticipada, maltrato gratuito, preguntas sin respuestas, peleas sin sentido.. siento que hay tanto dolor innecesario en el mundo.
05 marzo, 2011
Nunca había sobresalido en nada, es probable que alguna vez la hubiesen notado de más por su elocuencia o por su sabor a escondite y sus sueños de chocolate. Ese afán del ser humano de sobresaltar. Si le preguntaban, respondía que quería escribir de por vida, era la única forma que había encontrado para vivir en otros mundos dentro de éste.
Escribía en sus pensamientos líneas que olvidaba antes de pasar a papel, era la única forma que había encontrado para escapar de este costado. Tenía maltrechos amores sin dueño, había aprendido a amar sin compasión (casi con la misma locura que pone un criminal al asesinar a su víctima). No necesitaba ser presa de nadie, sabía que cuándo su cuerpo tocaba el de él, bailaban a la par las melodías de sus corazones, quizás fuera al revés y fuesen sus corazones los que seguían el ritmo de la mirada.
No era criatura de razón, simplemente había nacido del arte y su vida era una pintura. Una caja de bombones de diez mil sabores. Su mente era retorcida y su alma quebrada ilusa. Confiaba en que el tiempo dicta las respuestas y que aquellos que no lo ven viven malditos de desdicha.
Escribía en sus pensamientos líneas que olvidaba antes de pasar a papel, era la única forma que había encontrado para escapar de este costado. Tenía maltrechos amores sin dueño, había aprendido a amar sin compasión (casi con la misma locura que pone un criminal al asesinar a su víctima). No necesitaba ser presa de nadie, sabía que cuándo su cuerpo tocaba el de él, bailaban a la par las melodías de sus corazones, quizás fuera al revés y fuesen sus corazones los que seguían el ritmo de la mirada.
No era criatura de razón, simplemente había nacido del arte y su vida era una pintura. Una caja de bombones de diez mil sabores. Su mente era retorcida y su alma quebrada ilusa. Confiaba en que el tiempo dicta las respuestas y que aquellos que no lo ven viven malditos de desdicha.
01 marzo, 2011
¿a dónde va lo común, lo de todos los días?
La lluvia y el olor a tierra mojada. El paisaje es tan hermoso que no dan ganas de escribir, no salen las palabras.
Llueve y llueve y la sonrisa va de oreja a oreja. El fuego y la ronda de caras desconocidas que de a poco se van volviendo familiares. Gente de todos lados junta y sola.
La vida es loca. Nos miramos a los ojos y no podemos creerlo. Tuvimos mucho viento a favor.
Conexiones momentáneas, gente humilde, solidaria y generosa. Libros, siestas al sol, noches de frío, mucha guitarra.
Quizás sea nuestra culpa, con nuestro asqueroso buen humor. Todo nos parece hermoso.
La vida nos encandila.
Llueve y llueve y la sonrisa va de oreja a oreja. El fuego y la ronda de caras desconocidas que de a poco se van volviendo familiares. Gente de todos lados junta y sola.
La vida es loca. Nos miramos a los ojos y no podemos creerlo. Tuvimos mucho viento a favor.
Conexiones momentáneas, gente humilde, solidaria y generosa. Libros, siestas al sol, noches de frío, mucha guitarra.
Quizás sea nuestra culpa, con nuestro asqueroso buen humor. Todo nos parece hermoso.
La vida nos encandila.
25 febrero, 2011
de como la gente no me toma en serio II
- Sos una boluda, pusiste el papel ahí, y ahora??
- Quién podrá defendernos?
- Quién podrá defendernos?
21 febrero, 2011
La respiración de la tierra. El ir y venir del agua. Inhalo-exhalo.
La piel curtida y los sueños que crecen.
El pelo suelto, las manos sucias y la mirada transparente.
La sonrisa que encandila.
Los recortes que dejan las montañas en el cielo, los colores del atardecer y la luna llena.
Llenísima como nuestros corazones.
Acabo de volver del sur, al menos en cuerpo, una parte gigantesca de mi queda en esas tierras hermosas que recorrí de la patagonia. Traigo poco escrito, viví tanto que no me dio el tiempo. Sin embargo traigo demasiados recuerdos en la mochila como para escribir unos cuantos tomos. Saludos grandes desde buenos aires otra vez.
La piel curtida y los sueños que crecen.
El pelo suelto, las manos sucias y la mirada transparente.
La sonrisa que encandila.
Los recortes que dejan las montañas en el cielo, los colores del atardecer y la luna llena.
Llenísima como nuestros corazones.
Acabo de volver del sur, al menos en cuerpo, una parte gigantesca de mi queda en esas tierras hermosas que recorrí de la patagonia. Traigo poco escrito, viví tanto que no me dio el tiempo. Sin embargo traigo demasiados recuerdos en la mochila como para escribir unos cuantos tomos. Saludos grandes desde buenos aires otra vez.
25 enero, 2011
manía
Cuando camino por la calle no puedo evitar ir arrancando hojitas de los árboles. Me da lástima, las pobres plantas no tienen la culpa de que yo sea una neurótica.
22 enero, 2011
VII
Él lloraba, pidiéndome perdones entre sollozos, diciéndome que me amaba, que no había sido su culpa, que él no había querido engañarme, que simplemente paso, que nunca se lo iba a poder perdonar.
Yo lo escuchaba a un océano de distancia, pero no me caía ni una puta lágrima, solo lo escuchaba mientras alguna fuerza sobrenatural tomaba mi corazón y lo desmigajaba haciéndolo cenizas.
- No te preocupes mi amor, no llores, esta bien, lo entiendo.-
Yo lo consolaba. Mis palabras salían como vómito, como si fuese yo la culpable, como si el estuviese llorando por mi. No entiendo como lo hacía, pero él tenía la capacidad inhumana de volver todo tipo de situaciones en mi contra, en las que siempre él era el que sufría y yo cruela de vil.
No estaba enojada, pero algo dentro de mi se rompió. Esa había sido solo la gota que rebalsó el vaso dentro de una seguidilla de acciones que envenenaron más y más mi alma, llenándola de odio.
No era solo él, estaba a punto de cumplir 15 años y mi vida entera se desmoronaba ante mis pies. Yo caía en aquel hueco infinito, buscando a tientas el piso. Y no lo encontraba.
Yo lo escuchaba a un océano de distancia, pero no me caía ni una puta lágrima, solo lo escuchaba mientras alguna fuerza sobrenatural tomaba mi corazón y lo desmigajaba haciéndolo cenizas.
- No te preocupes mi amor, no llores, esta bien, lo entiendo.-
Yo lo consolaba. Mis palabras salían como vómito, como si fuese yo la culpable, como si el estuviese llorando por mi. No entiendo como lo hacía, pero él tenía la capacidad inhumana de volver todo tipo de situaciones en mi contra, en las que siempre él era el que sufría y yo cruela de vil.
No estaba enojada, pero algo dentro de mi se rompió. Esa había sido solo la gota que rebalsó el vaso dentro de una seguidilla de acciones que envenenaron más y más mi alma, llenándola de odio.
No era solo él, estaba a punto de cumplir 15 años y mi vida entera se desmoronaba ante mis pies. Yo caía en aquel hueco infinito, buscando a tientas el piso. Y no lo encontraba.
18 enero, 2011
13 enero, 2011
Me estoy yendo al sur por una temporada, así que no voy a andar mucho por aquí. Dejo un par de entradas programadas que hace mucho son borradores y tienen ganas de salir de ahí. Me pongo un poco sentimental y les agradezco profundamente a todos aquellos que me leen, porque me dan la confianza para seguir escribiendo. Espero reencontrarlos a la vuelta, con muchas nuevas historias y reflexiones para compartir.
10 enero, 2011
Cultivo una rosa blanca
Cultivo una rosa blanca
En julio como en enero,
Para el amigo sincero,
Que me da su mano franca.
En julio como en enero,
Para el amigo sincero,
Que me da su mano franca.
Y para el cruel que me arranca,
El corazón conque vivo,
Cardo ni ortiga cultivo,
Cultivo una rosa blanca.
El corazón conque vivo,
Cardo ni ortiga cultivo,
Cultivo una rosa blanca.
José Martí
Mi única gracia desde que tengo 4 años es saber de memoria y recitar este poema a todo familiar e invitado que se aparezca.
08 enero, 2011
Miedo a las pérdidas
Hace un largo tiempo en torno a eso dijo mi psicóloga que giraban todos mis problemas: miedo a las pérdidas.
y es verdad, tengo ese miedo en el sentido más amplio y literal que se le pueda dar. Miedo a perder las batallas, a perder las promesas que me hago a mi misma, miedo a perder los recuerdos, la memoria, los besos. Miedo a perder a las personas que quiero y miedo de perderme a mi misma en el camino.
y es verdad, tengo ese miedo en el sentido más amplio y literal que se le pueda dar. Miedo a perder las batallas, a perder las promesas que me hago a mi misma, miedo a perder los recuerdos, la memoria, los besos. Miedo a perder a las personas que quiero y miedo de perderme a mi misma en el camino.
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