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26 mayo, 2011

IX

Esa noche a mi alrededor todo eran perdidas. Unos ojos que hablaban de la muerte de una madre, otros del abandono de una familia y del maltrato de un padre. Los míos, reflejaban mis una y mil faltas.
Días después caminaba sola por la calle, como siempre: zoquetes y medias cancan, pantalón, camiseta manga larga, vestido, sweter de lana, tapado, bufanda y cigarrillo en mano. Las ultimas horas que recordaba habían sido puro tormento, puro vomito no inducido, mi cuerpo ya no soportaba tanto maltrato. Expulsaba hasta aquella comida que yo me esforzaba por ingerir.
Venia pensando en el silencio de mi psicóloga, en todo lo que yo ya estaba pensando mientras transcurría la sesión, pero que claramente callaba. Me preguntaba una vez mas en torno a qué gira tanto dolor humano, y me volvieron a la mente esas miradas, ¿acaso no eran todo perdidas y faltas?
Perdida de seres queridos, de amores no encontrados, falta de certezas, de comprensión, de esperanzas, de autocontrol, de sonrisas, de momentos de paz, perdida de colores, de vida, de ilusiones..
Seguía dándole vueltas al asunto, tanto desequilibrio no podía surgir solo de algo tan simple, ¿era posible que todos y cada uno de los momentos de sufrimiento hubieran surgido de eso?¿los mios?¿a mi que soy una auto-suficiente?
Di la vuelta en la esquina, le di la última pitada al cigarrillo, entre en la farmacia y me pese.
No. Todavía me faltaba mucho para ser feliz..

29 marzo, 2011

VIII

Quiero seguir contando esta historia, quiero escribir como encontré esos cuadernos, como aprendí de mis enormes errores, como llegue a ser la persona que soy. Pero duele mucho, leo mis viejos diarios y es otra persona la que escribe, pienso en lo que llegué a ser y se me eriza la piel.
Caí profundo, muy profundo. Se podría decir que los 15 años me pegaron bien para el orto.
Miro para atrás y pienso que no fue de boluda, tenía demasiados futuros prometedores y me perdí en el camino. Trato de no ser tan dura con esa chica que fui, ella fue la que recibió los golpes que a mi me hicieron tan fuerte. Ella fue la que sufrió, yo soy la que entendí que la vida es un momento y que lo que importa es la actitud.
Ana dio vuelta mi vida. Tanto la abuela que es la verdadera protagonista de éstas líneas como la enfermedad que me torturó física y psicológicamente durante bastante tiempo y que lleva ese nombre de pila tan particular. De hecho, creo que seguramente Ana sea el nombre que le ponga a mi hija el día de mañana si es que me convierto en madre,  y el único tatuaje que pensé alguna vez en hacerme, antes de darme cuenta de que no era necesaria la tinta para tener esas letras grabadas en la piel. 
La anorexia me vació, dejó solo una fracción de esa persona que solía ser. Me volvió muda cuando necesitaba gritar. 
Me cosió los labios. 

22 enero, 2011

VII

Él lloraba, pidiéndome perdones entre sollozos, diciéndome que me amaba, que no había sido su culpa, que él no había querido engañarme, que simplemente paso, que nunca se lo iba a poder perdonar. 
Yo lo escuchaba a un océano de distancia, pero no me caía ni una puta lágrima, solo lo escuchaba mientras alguna fuerza sobrenatural tomaba mi corazón y lo desmigajaba haciéndolo cenizas. 
- No te preocupes mi amor, no llores, esta bien, lo entiendo.-
Yo lo consolaba. Mis palabras salían como vómito, como si fuese yo la culpable, como si el estuviese llorando por mi. No entiendo como lo hacía, pero él tenía la capacidad inhumana de volver todo tipo de situaciones en mi contra, en las que siempre él era el que sufría y yo cruela de vil. 
No estaba enojada, pero algo dentro de mi se rompió. Esa había sido solo la gota que rebalsó el vaso dentro de una seguidilla de acciones que envenenaron más y más mi alma, llenándola de odio. 
No era solo él, estaba a punto de cumplir 15 años y mi vida entera se desmoronaba ante mis pies. Yo caía en aquel hueco infinito, buscando a tientas el piso. Y no lo encontraba.

28 diciembre, 2010

VI

A veces tengo que explicarle a la gente como fue que crecí de golpe. 
No es fácil abandonarlo todo. Menos cuando tenés 14 años y todo es vos y el mundo (vos claramente ubicada en su centro). No es fácil cambiar de casa, de país, de idioma. Dejar amigos, familia, sueños y proyectos. 
Yo tenía esos 14 años y fue casi como sufrir una reencarnación. Sabía que la muerte de mi abuela había sido una de las causas por las cuales pudimos viajar. Con ella enferma de cáncer jamás nos hubiésemos ido. 
Pero ella estaba muerta y nosotros estábamos del otro lado del océano.

23 diciembre, 2010

V

"..y la maldita realidad de la muerte le movieron el alma. Uno siempre llora por si mismo. El horror no es el muerto, es el pánico que nos da una cachetada para hacernos saber que somos mortales, que la vida es efímera y no sabemos valorarla. Que nuestros sueños, nuestros deseos, nuestras culpas, nuestros aciertos, son tan frágiles, tan incomesurables que duran menos que un soplo. Para bien o para mal nunca aprendemos de esa cachetada. Claro que a mi edad, ya sé que toda la vida es un instante. Será por eso que nada, absolutamente nada, puede tener un valor que la supere."


extracto de las memorias de mi abuela.

15 diciembre, 2010

IV

Hubieron muchos episodios en el medio. Uno de los tantos fue el robo de mi casa, pocos días después de mi cumpleaños de 15. El día de mi cumpleaños, mi mamá de dio el anillo que mi abuela le había regalado en su cumpleaños de 15 y que nunca en tantos años había dejado de usar. En realidad, el anillo es una especie de legado familiar que viene desde mi bisabuela. En el robo se llevaron todas las joyas y algo de plata, pero dieron vuelta mi casa de arriba a abajo. Lo único que sobrevivió fue un anillo de mi abuela, que debió haberse caído durante el robo, y que mi mama ya había decidido hace tiempo que iba a ser el reemplazo del anillo que me estaba dando a mi.
Esta clase de cosas inexplicables pasaron y me siguen pasando cuando pienso en mi abuela. Durante varios años cada vez que tuve un rato a solas en mi casa busqué sin descanso sus cuadernos. Yo sentía que había sido la única que había sabido de su existencia por alguna razón, que los había encontrado por alguna razón y que estaba en mi derecho poder conocer lo que contenían esas páginas.
Ahora que lo miro desde lejos, no se cuánto creo en las casualidades y cuánto creo que hay cosas que pasan porque tienen que pasar. Creo que al fin y al cabo, encontré esos cuadernos en el momento en el que realmente estaba preparada para leerlos.


Ver partes I, II, II

29 noviembre, 2010

III

La muerte de mi abuela cambio mi vida de muchas maneras. Pero no fue tanto su muerte sino todo eso que descubrí después, las que realmente me cambiaron por completo.
Ni mi mamá ni mi tío habían jamás escuchado nada sobre "las memorias de mi abuela" de las que yo tanto hablaba. En todas esas tardes en las que mi mama volvió a su casa nunca encontró nada. Sospecho que en realidad, no me creyeron hasta el día en que acompañe a mi mamá a ordenar y como si siempre lo hubiese sabido abrí un cuaderno al azar de la gran biblioteca. Ese cuaderno no solo contenía parte de las memorias, sino que era el primer tomo de muchos otros cuadernos.
- Sos muy chica para leer eso, dámelo.- fueron las palabras de mi mamá cuando se lo mostré y me arrebató el libro de las manos.
Esa fue una de las tantas cosas locas que me pasaron con mi abuela. Aun creo que mi mamá nunca se atrevió a abrir esos cuadernos. Daba miedo. Mi abuela no había sufrido únicamente el cáncer que la mató; tenía un hermano también con cáncer con el que era incompatible, y había visto crecer a sus hijos para volverse tan igualmente incompatibles, la habían engañado durante nueve años y se había divorciado después de 42 años de matrimonio. Nadie tenía todavía la fuerza como para leer todo lo que había por contar.
Sin embargo, una parte de mi lo necesitaba. Lo sentía merecido.

17 octubre, 2010

II

"Supero el cancer de pulmón, pero le encontraron un nuevo tumor. Ya no respondía al tratamiento, murió esta mañana"
Tanto tiempo había negado su enfermedad y ahora la realidad me golpeaba mas fuerte que nunca.
Me vestí de negro, porque es lo que debe hacerse es esas ocasiones, para acto seguido arrastrar mi pesado cuerpo hasta el velatorio. En cámara lenta y desde otro planeta  vi lágrimas que corrían por mejillas, miradas ausentes y sentidos pésames. A la mañana siguiente entendí porque en las películas los entierros siempre se filman en días de lluvia. A pesar de que el sol iluminaba cada tumba, reflejando cada recuerdo escondido en ese cementerio, aunque la luz le regalara un aspecto aun más tétrico a tanto dolor, mi alma ardía en llamas, era un huracán, un mar de tormentas. 

08 octubre, 2010

I

 Una nena de unos 6 años aproximadamente entra corriendo extasiada a un bar,  su madre decide soltar su mano para que vaya al encuentro de su abuela. La abuela entrada ya en años la observa con esa mirada que solo pueden reproducir las abuelas, llena de  amor y de ternura incomparables. La pequeña observa la libreta sobre la mesa  y le pregunta sobre lo que escribe. –Algun día lo vas a leer, seguramente cuando yo me muera, es algo así como la historia de mi vida- responde la abuela cerrando el cuaderno. 
Años mas tarde, recordé que esa nena era yo, que por alguna razón inexplicable (quizás debería hablarlo con mi psicóloga, tal vez ella si le encuentre una explicación) el funeral, la muerte y los trapos negros habían sacado a relucir recuerdos tan reprimidos como esa tarde en el bar con mi abuela que había borrado de mi cabeza durante tanto tiempo. Me encontré con 12 años, siendo la única persona enterada de que en algún momento de su vida mi abuela había escrito sus memorias y mi única fuente era un recuerdo con por lo menos 6 años de antigüedad del cual ni yo misma me creía por completo que hubiese ocurrido.