05 marzo, 2011

Nunca había sobresalido en nada, es probable que alguna vez la hubiesen notado de más por su elocuencia o por su sabor a escondite y sus sueños de chocolate. Ese afán del ser humano de sobresaltar. Si le preguntaban, respondía que quería escribir de por vida, era la única forma que había encontrado para vivir en otros mundos dentro de éste.
Escribía en sus pensamientos líneas que olvidaba antes de pasar a papel, era la única forma que había encontrado para escapar de este costado. Tenía maltrechos amores sin dueño, había aprendido a amar sin compasión (casi con la misma locura que pone un criminal al asesinar a su víctima). No necesitaba ser presa de nadie, sabía que cuándo su cuerpo tocaba el de él, bailaban a la par las melodías de sus corazones, quizás fuera al revés y fuesen sus corazones los que seguían el ritmo de la mirada.
No era criatura de razón, simplemente había nacido del arte y su vida era una pintura. Una caja de bombones de diez mil sabores. Su mente era retorcida y su alma quebrada ilusa. Confiaba en que el tiempo dicta las respuestas y que aquellos que no lo ven viven malditos de desdicha.

1 comentario:

I. dijo...

Precioso. Nunca me defraudás. Te sigo insistentemente y te leo despacito :)