Escribía en sus pensamientos líneas que olvidaba antes de pasar a papel, era la única forma que había encontrado para escapar de este costado. Tenía maltrechos amores sin dueño, había aprendido a amar sin compasión (casi con la misma locura que pone un criminal al asesinar a su víctima). No necesitaba ser presa de nadie, sabía que cuándo su cuerpo tocaba el de él, bailaban a la par las melodías de sus corazones, quizás fuera al revés y fuesen sus corazones los que seguían el ritmo de la mirada.
No era criatura de razón, simplemente había nacido del arte y su vida era una pintura. Una caja de bombones de diez mil sabores. Su mente era retorcida y su alma quebrada ilusa. Confiaba en que el tiempo dicta las respuestas y que aquellos que no lo ven viven malditos de desdicha.
1 comentario:
Precioso. Nunca me defraudás. Te sigo insistentemente y te leo despacito :)
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