Hay dos tipos de personas, las que le tienen miedo a la muerte y las que no. En mi opinión, las primeras son las más felices... saben que tienen que aprovechar cada momento.
Disiento si pienso que quien no le tiene miedo a la muerte no tiene necesidad de andar pensando que cada día es el último, y entonces lo puede vivir sin la presión de vivirlo como si fuera el último y con naturalidad. Concuerdo si lo pienso de diferente manera, a la tuya, cosa que también me ocurre. Está difícil pensar en contradictorio.
También podemos decir que las segundas aprovechan cada segundo de su tiempo sin preocuparse de que algo les pueda pasar por hacer lo que se les ocurra.
Ivana y Hugo queridos.. concuerdo totalmente, pero de repente pienso que cuando somos totalmente conscientes de que vamos a morir, cuando le tenemos miedo a la muerte.. tenerle miedo a la vida parece una estupidez, y vale la pena hacer cualquier cosa.
Y vivir cada momento, porque no saben si puede ser el último. Aunque, desde otro punto de vista, quizás los que no le tienen miedo, viven más relajados sin preocuparse cuándo se acaba su existencia. Un punto medio entre ambos sería genial.
Tengo una amiga que todas las noches, antes de dormir, siente que se va a morir. En cambio yo, todas las noches me voy a dormir sabiendo que al otro día me voy a despertar. Ella le teme a su propia muerte. Yo le temo a la muerte de los demás. ¿Qué tiene que ver esto? Nada.
pero capaz las que no tienen miedo se animan a hacer más cosas... los que viven con miedo no, porque saben que van a morir, entonces quieren estar vivos... pero quedarse vivo no significa vivir...
muy buena entrada... como 2 renglones te hacen delirar, no?
No coincido. El hombre (y la mujer) con miedo a la muerte suele ser feroz. Y suele tener ansias de devorarlo todo. Ansias que no se satisfacen con nada. Y no termina de ser feliz nunca, porque lo otro está ahí, siempre, acechando. Nada alcanza para llenar el pozo profundo, sin fondo, que es el verdadero miedo a la muerte.
12 comentarios:
Disiento si pienso que quien no le tiene miedo a la muerte no tiene necesidad de andar pensando que cada día es el último, y entonces lo puede vivir sin la presión de vivirlo como si fuera el último y con naturalidad.
Concuerdo si lo pienso de diferente manera, a la tuya, cosa que también me ocurre.
Está difícil pensar en contradictorio.
(Hola Manne, solía ser Frestón y te dejo besos)
También podemos decir que las segundas aprovechan cada segundo de su tiempo sin preocuparse de que algo les pueda pasar por hacer lo que se les ocurra.
Ivana y Hugo queridos.. concuerdo totalmente, pero de repente pienso que cuando somos totalmente conscientes de que vamos a morir, cuando le tenemos miedo a la muerte.. tenerle miedo a la vida parece una estupidez, y vale la pena hacer cualquier cosa.
Y vivir cada momento, porque no saben si puede ser el último.
Aunque, desde otro punto de vista, quizás los que no le tienen miedo, viven más relajados sin preocuparse cuándo se acaba su existencia.
Un punto medio entre ambos sería genial.
Tengo una amiga que todas las noches, antes de dormir, siente que se va a morir. En cambio yo, todas las noches me voy a dormir sabiendo que al otro día me voy a despertar. Ella le teme a su propia muerte. Yo le temo a la muerte de los demás. ¿Qué tiene que ver esto? Nada.
pero capaz las que no tienen miedo se animan a hacer más cosas... los que viven con miedo no, porque saben que van a morir, entonces quieren estar vivos... pero quedarse vivo no significa vivir...
muy buena entrada... como 2 renglones te hacen delirar, no?
aprovechar cada momento, suena bien, más que nada cuando hay cerveza, pan y roquefort
definitivamente no soy inmortal.
Y me encanta.
Besos!
la conciencia de la propia existencia y de la finitud de la vida es lo que nos distingue de las bestias.
si eso te hace o no más feliz es otra cuestión, no creo que la felicidad pase por ahí.
No coincido. El hombre (y la mujer) con miedo a la muerte suele ser feroz.
Y suele tener ansias de devorarlo todo.
Ansias que no se satisfacen con nada.
Y no termina de ser feliz nunca, porque lo otro está ahí, siempre, acechando.
Nada alcanza para llenar el pozo profundo, sin fondo, que es el verdadero miedo a la muerte.
Se te durmió el blog, mannequin.
Saludos.
muy bueno!
Publicar un comentario