29 marzo, 2011

VIII

Quiero seguir contando esta historia, quiero escribir como encontré esos cuadernos, como aprendí de mis enormes errores, como llegue a ser la persona que soy. Pero duele mucho, leo mis viejos diarios y es otra persona la que escribe, pienso en lo que llegué a ser y se me eriza la piel.
Caí profundo, muy profundo. Se podría decir que los 15 años me pegaron bien para el orto.
Miro para atrás y pienso que no fue de boluda, tenía demasiados futuros prometedores y me perdí en el camino. Trato de no ser tan dura con esa chica que fui, ella fue la que recibió los golpes que a mi me hicieron tan fuerte. Ella fue la que sufrió, yo soy la que entendí que la vida es un momento y que lo que importa es la actitud.
Ana dio vuelta mi vida. Tanto la abuela que es la verdadera protagonista de éstas líneas como la enfermedad que me torturó física y psicológicamente durante bastante tiempo y que lleva ese nombre de pila tan particular. De hecho, creo que seguramente Ana sea el nombre que le ponga a mi hija el día de mañana si es que me convierto en madre,  y el único tatuaje que pensé alguna vez en hacerme, antes de darme cuenta de que no era necesaria la tinta para tener esas letras grabadas en la piel. 
La anorexia me vació, dejó solo una fracción de esa persona que solía ser. Me volvió muda cuando necesitaba gritar. 
Me cosió los labios. 

25 marzo, 2011

Estas últimas noches mi gata volvió a dormir conmigo después de muchos años de dormir con mis papás. No se si será casualidad, pero estas ultimas noches fueron de las más solitarias en muchísimo tiempo. Por suerte, ella estuvo ahí conmigo.

21 marzo, 2011

- Me mando un mensaje y me invitó a una fiesta en la loma del orto.
- Te das cuenta no? siempre te hace lo mismo! es un vivaracho, porque te invita él primero a una salida muy paja en un lugar muy paja y vos quedas como la ortiva y pajera que le dijo que no y él no se mueve. Tenés que invitarlo vos primero. Que le vas a contestar?
- Ni en pedo le contesto.

16 marzo, 2011

It's real love

El humor varía, estamos más cansadas pero no menos felices. Se sienten los días encima, todo se siente el doble y eso me encanta. Siento que vivo. Estoy viva.
No puedo evitar pensar como en la ciudad todo está al alcance de la mano. Acá quizás hay más esfuerzo pero también más disfrute. Uno valora más lo que tiene entre los dedos. La vida se vuelve más sencilla, más simple, más terrenal.
Miro el agua y la tierra. En la ciudad todo el mundo está en las nubes. Las conversaciones son ahí arriba. Todos somos intelectualoides snobs, todos nos enroscamos en los laberintos de nuestra cabeza y todos nos preocupamos por como nos miran los ojos de los demás.
Acá inevitablemente uno se vuelve diferente, te enamorás de la guitarra y de la voz de las personas, lo que más nos preocupa es que vamos a cenar o pedir por favor que el clima siga lindo. Se habla sobre las cosas más banales y esenciales de la vida.

14 marzo, 2011

Dream sweet dreams for me

Ella entraba en la habitación. Yo la abrazaba fuerte. Sentí su piel suave y arrugada, su olor. Ayer pude reproducir sus gestos, su voz, incluso su mirada; como jamás logré reproducir en mis recuerdos. Todo era tan vívido. Yo le decía que hace tanto tiempo no la veía. Volvía a abrazarla y la escuchaba atenta hablarme tranquila.
Me desperté despacio, tratando de entender qué era realidad y qué ficción. Miré al techo con una paz profunda, había estado ahí con ella, había vuelto a mí. Sonreí fuerte. Fue la primera vez que soñé con mi abuela desde que murió hace casi siete años.