30 junio, 2011

Estoy mejor

Soñe que estaba en Italia y que Madonna era mi profesora de violín.

24 junio, 2011

Cómo empezó todo II

El sábado siguiente otra vez los cuatro, en una cita doble sin planificar. Como quien se encuentra por casualidad, como quien no sabe que los demás van a estar ahí: en la misma fiesta del sábado pasado.
Eme sin dar muchas vueltas saca a bailar a Jota. Efe y yo en medio de la pista hablamos en falso sobre cosas que ninguno de los dos llega a escuchar.
Y entonces, al fin, me pasa una mano por el pelo, dice algo sobre mi trenza y nos besamos. Salimos de la pista, y cuando vamos a un sillón la timidez de Efe ya no parece tan tímida. Habla de su amistad con Eme, de su familia que sigue en Uruguay, de sus clases de composición; solo se interrumpe para darme otro beso o para abrazarme más fuerte. Pasan las horas y en un momento me toca los labios con la yema de los dedos para decir:
- Dale, vámonos de acá. Eme y Jota seguro ya se fueron.
No, no voy a caer tan rápido:
- Ahí están, desde acá los veo. Vení, vamos a ver en qué andan.
Nos acercamos: entre beso y beso ellos juegan a ver quién adivina primero la siguiente canción. Efe y yo hacemos una tosida bastante teatral y ellos se ríen.

El sábado siguiente otra vez los cuatro, en una nueva cita doble esta vez planificada vía mensaje de texto, vía mail, vía telégrafo. Ni Jota ni yo podemos creer el romanticismo hollywoodense de las últimas semanas.
- ¿Entendés que la familia de Efe es uruguaya? No hay nada mejor en el mundo que los uruguayos. Encima toca el saxo y tiene algo misterioso que no resisto. No es predecible como el resto de los hombres, me desconcierta…
 - Estás hecha una pelotuda, nunca te ví así... Igual entiendo, it’s too good to be true. Con Eme pasa algo parecido. Yo soy una frígida, you know, y él la rema tanto… medalla de oro de los juegos olímpicos.
- ¿Es sano sospechar de la felicidad? Acordate de que nos pasan a buscar a las doce y media por mi casa. Ya arreglé con Efe, vamos a La Catedral o a La Viruta.
- ¿Me estás jodiendo? ¿Vamos a bailar tango? ¿En qué pensás? Yo no sé bailar tango. No quiero bailar tango. No voy a ir a bailar tango con el boludo de Eme.
- Vas a venir, vas a bailar y vas a traer tu mejor sonrisa ¿me escuchaste?
- Bueno, pero te odio.
Después de luchar con el único paso de tango que cada uno sabe y que por desgracia no es el mismo, los cuatro nos rendimos y abandonamos La Viruta. Efe hace que nos  colemos en un cumpleaños en la casa de al lado. Bailamos cumbia, nos reímos mucho y, a eso de las cinco de la mañana cuando la noche ya termina, Eme propone que vayamos al estudio jurídico de su abuelo.
El lugar, digno set de película de Harry Potter, destila solemnidad: grandes bibliotecas de madera, mesas y sillas forradas en cuero verde y lámparas antiguas de vidrio que hacen juego.
Eme pone algo de Sui Generis en un tocadiscos; Efe sostiene el vino con una mano y enciende un porro con la otra.

23 junio, 2011

No es normal

que la trituradora de papel de la oficina me haga tan feliz.

20 junio, 2011

Otra vez estoy ahí. Tengo doce años, tengo catorce, tengo diecisiete. y después de tanto coquetear con la muerte debería haberme acostumbrado, pero no es así. Las caras son siempre distintas pero es siempre la misma. Duele, duele tanto. Al volver del velatorio siento los síntomas: el nudo del estómago, el puñal en el pecho, el cerebro que explota; y a todos los ignoro.
Limpio compulsivamente la casa. Como si barrer el piso y lavar los platos pudiese borrar la suciedad de la muerte.

18 junio, 2011

Cómo empezó todo I

- ¿Santa Julia? ¿Qué hacen dos chicas solas en este pasillo? ¿Toman vino de la botella?
- La juventud está perdida...
Nos reímos los cuatro y le sonrío a mi amiga Jota, pienso que esta noche en la que decidimos hacer algo distinto, lejos de la gente a la que vemos siempre y de los lugares a los que salimos todos los sábados; después de todo no empezó tan mal.
Los dos que se nos acercan son delirantemente lindos. El primero es Eme: muy alto y flaco, pelo largo morocho atado en un rodete, ojos grandes y azules; el segundo, Efe, es más bajo, pelo rubio oscuro y barba con buen bigote, ojos achinados bien celestes, tanto que da ciego.
Una típica charla de pasillo: qué hacen acá, qué estudian, de dónde se conocen. Eme estudia sociología y hace un curso de ayudante de panadero; habla sin parar y es ridículamente simpático; Efe estudia saxo y toca en una banda de jazz; es callado y misteriosamente tímido.
Ya estamos en el momento de la noche en que ya tendría que haberse decidido a quién le gusta quién, pero la conversación es tan grupal que no llego a darme cuenta. Cuando ellos van a comprar otro vino, con Jota temblamos; le digo:
- Dale, decime, seguro que nos va a gustar el mismo...
- ¿El morocho…?
- ¡A mí el rubio!
- ¿Ves? Por eso sos mi mejor amiga. Ahora… siempre lo mismo vos, elegís un músico conflicutado y descartás al mejor tipo del mundo.
- Y a vos siempre te gustan los nenes buenos de mamá, los que hacen un curso de panadería, los que son más buenos que el pan.
- So true… muchos chistes al respecto ¿no?
- Soy Chandler Bing en el capítulo en que no puede burlarse de la gente.
- Tenés dos segundos por reloj… uno…
- ¡Vigilante! ¡Andá a freír churros! ¡Bolas de fraile!
- Suficiente. ¿Y qué onda? Si ellos no deciden decidimos nosotras.
- Callate que ahí vienen.
Vino, charla y más vino. Cuando la hora ya es insostenible y nosotras tenemos un pie dentro del taxi, Jota me dice:
- Por qué no le pasas tu celular a Efe, Hache, así nos invita a escucharlo tocar. Yo estoy sin teléfono, pero si querés, Eme, pasame tu mail.
Lo dice con tanta seguridad que nadie se atreve a contradecirla.