26 mayo, 2011

IX

Esa noche a mi alrededor todo eran perdidas. Unos ojos que hablaban de la muerte de una madre, otros del abandono de una familia y del maltrato de un padre. Los míos, reflejaban mis una y mil faltas.
Días después caminaba sola por la calle, como siempre: zoquetes y medias cancan, pantalón, camiseta manga larga, vestido, sweter de lana, tapado, bufanda y cigarrillo en mano. Las ultimas horas que recordaba habían sido puro tormento, puro vomito no inducido, mi cuerpo ya no soportaba tanto maltrato. Expulsaba hasta aquella comida que yo me esforzaba por ingerir.
Venia pensando en el silencio de mi psicóloga, en todo lo que yo ya estaba pensando mientras transcurría la sesión, pero que claramente callaba. Me preguntaba una vez mas en torno a qué gira tanto dolor humano, y me volvieron a la mente esas miradas, ¿acaso no eran todo perdidas y faltas?
Perdida de seres queridos, de amores no encontrados, falta de certezas, de comprensión, de esperanzas, de autocontrol, de sonrisas, de momentos de paz, perdida de colores, de vida, de ilusiones..
Seguía dándole vueltas al asunto, tanto desequilibrio no podía surgir solo de algo tan simple, ¿era posible que todos y cada uno de los momentos de sufrimiento hubieran surgido de eso?¿los mios?¿a mi que soy una auto-suficiente?
Di la vuelta en la esquina, le di la última pitada al cigarrillo, entre en la farmacia y me pese.
No. Todavía me faltaba mucho para ser feliz..

18 mayo, 2011

- Boluda se murió Midón! -le dije viendo como mi infancia se alejaba.
- Qué es tu don??
- jajajajaja sos increíble, gracias por ser mi amiga.

07 mayo, 2011

Jigai

Podría tirarme cargada de piedras al río Ouse como Virginia, meter la cabeza en el horno como Sylvia, tomarme cincuenta pastillas de un barbitúrico como Alejandra, arrojarme al vacío desde la ventana como Unica, inhalar monóxido de carbono como Anne, arrojarme de la escollera del Club Argentino de mujeres como Alfonsina, ahorcarme como Marina, beber desinfectante Lysol como Charlotte o clavarme un puñal como la Julieta de Romeo.
No son las circunstancias. Es mentira que en ciertas situaciones cualquiera podría suicidarse. A lo largo de la historia, los hombres han cometido toda clase de atrocidades para sobrevivir. Hay quien se ha suicidado por mucho, por muchísimo menos.
En nuestra cultura el suicidio es tabú. Algo de esquizofrénicos, de depresivos, maniáticos, bipolares, drogadictos, alcohólicos… algo de locos, de incomprendidos, algo incomprensible. Nadie considera el honor japonés del derecho a la muerte por mano propia. El suicidio a nadie toca de cerca: es de manual de psicología, de película adolescente, de obra shakesperiana.
Algunos creen que los suicidas, los pocos que se animan a dar el salto, a apretar el gatillo, a patear el banquito final; son los valientes. Otros no, otros los creen cobardes por no se animarse a dar la cara, a poner el pecho, a soportar el dolor. Yo no creo ni lo uno ni lo otro. Creo que un suicida simplemente lo es, y  no puede escapar de su destino.
El sentimiento existe desde siempre y aguarda su momento. El momento es este. Y no voy a dar más explicaciones, porque las explicaciones entre nosotros nunca fueron necesarias. 

29 abril, 2011

Minuet en Bm para flauta


Me gritás “Vos sos de viento y yo de cuerdas”. Y no sé si sos una estúpida o una snob, tal vez un poco de las dos cosas. Claro que es lindo tenerte cerca, siete años juntos no vienen solos. Pero, corazón, ser escritora no te hace más profunda. Me tienen harto tus frases gastadas, me taladran el cerebro. “Llegás tarde a todos lados, nunca estás cuando te necesito, jamás colaborás con nada. Me resbalan tus dudas existenciales, ni que fueses el científico del siglo”

No me interesa escucharte, sos un torrente de furia y yo te miro en la cámara lenta de una película muda: tus manos rompen platos y vas y volvés.
Pienso que tal vez no estés tan equivocada después de todo. Sí, sos puras cuerdas, un ovillo de pensamientos enroscados. Sos ébano, sos marfil.
- Cortala Violeta, pará un poco.
Yo digo eso, pero vos siempre tan compleja, tan impenetrable. Sos aún más matemática que yo. Y eso que antes decías que yo estoy codificado en números y vos en verso. Todavía me acuerdo… éramos buena música juntos, pero ahora estás desafinada, agotada, desgastada. No dejo de pensar en tu alma rota, en el arco de tu cintura, en el puente de tus piernas. No hay partitura que nos pueda contener.
Estás rendida, tirada en el sillón. Y no puedo ignorar tu llanto de resina, ni tus clavijas desajustadas. Me gustaría aprender a remendarte, a repararte.
¿Qué cordal te sostiene? Te acaricio y sos tan frágil.
Y entonces, te guardo en tu estuche. No te preocupes, te llevo al desván, con el resto de los instrumentos que ya no toco más. 

21 abril, 2011

A veces pienso que en este blog termino haciendo lo mismo que en mi vida, hablando mucho y diciendo muy poco. Contando de mi en historias elaboradas que jamás tienen fin, que nunca explican mucho. Hago lo que mejor se hacer, él chamullo puro, revestir todo con palabras hermosas y vacías.
Quizás yo después de todo sea pura forma y cero contenido.