30 diciembre, 2011

ya me voy

Bueno, no quería irme así sin más, sin al menos pasar a decir que voy a irme por un buen rato a viajar hacia el norte y a ser feliz. Me pongo cursi y agradezco de todo corazón a la gente que pasa por aquí y se toma un ratito para leerme, comentarme, espiarme y todas esas cosas. Espero volver con nuevas palabras y relatos encima para compartirles, pero por sobre todo les deseo un Feliz 2012!
Salud y pesetas!

18 diciembre, 2011

mal de ojo

     Por tercer día consecutivo, Sofía, no duerme. Padece de lo que, en términos médicos, se califica como insomnio inicial, intermedio y final: dificultades graves para conciliar el sueño, dormir con interrupciones y despertar mucho antes de la hora planeada. Cuando logra dormir, nunca lo hace más de cuatro horas. Vive despierta.
     En la primera noche dibujó ojos gigantescos, tanto como para cubrir con solo uno sus cartulinas de metro y medio por dos. Su profesor de biología de tercer año le dijo que hay que aprender a trabajar con los elementos que se tienen entre manos y, Sofía, siempre dibuja sobre sus cartulinas blancas con fragmentos de carbonilla.
     Sin embargo, delinea ojos verdes, celestes, amarillos y muy pocas veces ojos negros de carbón. Son ojos extasiados, ojos suspendidos, caóticos, fascinados y hasta desencantados. Las líneas se curvan, se mezclan, se complican, pero Sofía no sabe dibujar, es secretaria en una oficina de ocho a seis todos los días.
     La segunda noche fue de ojos pequeños, diminutos, reducidos como puntos, píxeles, rayitas.Ojos ensimismados y amontonados: ojos entrecerrados. Sofía ya no quiere mirar: todo le duele, todo le cuesta; el insomnio le cierra el apetito y el hambre no la deja dormir.
     Sofía se define como noctámbula, nostálgica y tanguera. Y, aunque nunca haya entrado a una milonga, ayer tarareaba por lo bajo La Última Curda mientras afilaba un viejo lápiz de carbonilla que había encontrado en el recipiente de cucharones y espátulas del último estante de la cocina.
    Hoy, en su tercera noche sin dormir, Sofía, que desde hace años prueba todo remedio confiable y no confiable que existe en el mercado para curar su enfermedad, piensa que tal vez una persona puede ser capaz de producir mal a otra sólo con mirarla. Y, aunque sabe que los principales síntomas del mal de ojo son adormecimiento y pesadez, ella de todos modos se siente perseguida.
    Llama al trabajo para avisar que hoy tampoco va a poder asistir, ni cumplir con sus responsabilidades; para luego tomar viejos libros de brujería almacenados en las grandes bibliotecas que decoran su departamento. “Con un ojo te han mirado, con dos ojos te han ojeado, con tres ojos te han curado” lee en el apartado de jaculatorias.
    Reúne amuletos y predica oraciones pero nada cambia, nada sucede. Sofía piensa en probar un antiguo método para corroborar si está ojeada o no: colocar un huevo dentro de un plato y el plato debajo de la cama; dormir y romper el huevo al despertar para descubrir el color de la yema, si la yema es anaranjada está a salvo, si es roja está maldecida.
     Si no puede dormir, tampoco podrá cumplir con los rituales. Decide dejarlo pasar: conoce muy poca gente, menos aún gente que pueda envidiarla. Sí teme por su reputación, que en el mundo de las artes podría ser beneficiosa, pero prefiere volver a lo suyo: bosquejar ojos monstruosos, caricaturescos, amorfos, desfigurados.
     Los ojos se proyectan y ésta noche ya no tienen tamaño, ni forma alguna. Se ven pupilas, párpados, córneas, pestañas. Sofía arranca ojos de revistas, de folletos, de otros cuadros colgados en las paredes de su casa. Vendados los ojos, ahora pinta con las manos, con comida, con el cuerpo.
     “No son artes plásticas, soy una artista conceptual” dice en una falsa entrevista frente al espejo. También explica que sus ilustraciones representan el mundo, la multitud de ojos en una ciudad vacía, el hastío de la población, la visión de las generaciones pasadas y futuras. Sofía se encarga de mentir con sus ojos, con todo el terrible egoísmo de sus ojos abiertos.

14 noviembre, 2011

Era hija del Enlazador de Mundos y de la Madre Naturaleza. Sin ser criatura de razón, había nacído del arte y su vida era una pintura, una caja de bombones de diez mil sabores. Es probable que alguna vez la hubiesen notado de más por su sabor a escondite o por sus pasos de mermelada. Su mente era retorcida y su alma quebrada ilusa. Decía que los que saben esperan al tiempo para dictar las respuestas y, que los demás, viven  malditos de desdicha.

24 octubre, 2011

existencialismo

Hay dos tipos de personas, las que le tienen miedo a la muerte y las que no. En mi opinión, las primeras son las más felices... saben que tienen que aprovechar cada momento.

16 octubre, 2011

de finales


-         Pasá, Eme, (Bueno, un poco de ganas de verlo tenía; sigue tan lindo como siempre) hace mucho frío para ir a la plaza… sentate… ¿Querés tomar algo?
-         No, gracias Jota, estoy bien así. ¿Vos cómo estás?
-         Bien… hace mucho que no te veía ¿qué fue de tu vida?
-         Y vos te la pasaste de viaje. Yo bien, con varios vuelos, el estudio… contento. ¿Vos?
-         Bien, bien. (¿Cuántas veces más le voy a decir que estoy bien?) El viaje fue buenísimo, con Hache nos divertimos un montón. ¿Y tus viajes?
-         También muy bien. ¡Qué linda foto…!
-         Es de cuando mi mamá se fue a México.
-         A ver… mostrámelas.
-         Acá están. (¿Qué hago mostrándole las fotos de mi vieja?)
-         Yo viajé a México hace dos años, es hermoso.
-         ¿Querés un mate? (¿Soy yo o esta conversación no va para ninguna parte?... que se deje de dar vueltas, que me bese de una vez)
-         ¿Dulce o amargo?
-         Amargo.
-         Bueno, dale, uno te acepto. Tomá, traje tortas fritas.
-         Gracias, no hacía falta. (¿What the fuck? ¿Quién sos? ¿Mi abuela? )
-         No iba a venir con las manos vacías…
-         ¡Qué amable! (Soy una estupida).
-         Mirá… vine porque quiero hablarte de algo.
-         Sí… decime. (Mierda)
-         No sé muy bien como decirlo.
-         Dale, decirme… (Ya está, me va a decir que es gay ¿Qué le voy a decir?¿Que lo sospeché desde el primer día?)
-         Es difícil para mí…
-         (¡No! ¡Es impotente! ¡Impotente! La puta madre… que me lo diga de una fucking vez.)
-         Estoy saliendo con otra chica.
-         (¡¿Qué?! ¿Qué que?  ¿Y a mí que me importa? ¿Por qué venís a decirme esto? ¿Quién te preguntó? ¿Quién te crees que sos?) Ah… bueno.
-         La verdad es que nosotros pasamos muchos buenos momentos y yo te quiero un montón… no quiero que pienses que para mí lo nuestro no fue importante.
-         (¿Importante? ¿Me estás jodiendo? ¡Producción, llévense a éste pibe de acá! La última vez que te vi fue hace cuatro meses. ¿Me querés? No tenés ni idea de mi vida, no sabés ni como se llama mi perro,  no me conocés ni un poco.) No, no. Esta bien.
-         No quiero lastimarte…
-         (¿Lastimarme? ¿En que película estás?) La verdad es que no sé qué decir…
-         Tenía que decírtelo, después del mensaje del otro día...
-         (¿Podés dejar de hacer como si me cortaras? No somos novios, nunca fuimos novios, ni siquiera cogimos. Te mandé un mensaje a las cinco de la mañana que decía “¿En que andás?” no te invité a un asado con mi familia. ¿No podías hacer como el resto de los hombres y esfumarte?) Entiendo… ¿Y dónde la conociste? (¿Soy o me hago?)
-         En el Parque.
-         Ah… ¿Y hace mucho que la conocés? (Andate, andate. ¿Cómo me vas a decir algo así en mi casa, en el único lugar en el mundo en cual no me puedo ir? ¿Cómo hago ahora para echarte?)
-         No tanto, un par de meses. ¿vos? ¿tus novios?
-         (¡¿Mis novios?! ¿Sos pelotudo? ¿Qué querés que te diga? “si, salí con tal, le di all night long” ¿de verdad…?) No, nada, nadie.
-         Igual, más allá de todo, quiero que sigamos como amigos… que podamos encontrarnos a tomar un vino y charlar.
-         (Ah bueno… te faltó decirme “no sos vos, soy yo”. A mí no me vengas con el “let’s just be friends”… a mamá mona…) Si claro…
-         ¿Querés que saquemos a pasear a tu perro?
-         Dale, vamos.
-         Quedate con las tortas fritas
-         (I don’t need you pity.) Ni abrimos la bolsa, llevalas. (Metételas en el culo)
-         No, de verdad, al menos probá una.
-         No la voy a comer.
-         No importa.